la_la_land_ver8_xlg
LA LA LAND: UNA HISTORIA DE AMOR
* * * 1/2

Título original: La La Land
País: Estados Unidos, 2016
Director: Damien Chazelle
Elenco: Ryan Gosling, Emma Stone, John Legend, Rosemarie DeWitt, J. K. Simmons, Tom Everett Scott
Guión: Damien Chazelle
Fotografía: Linus Sandgren
Música: Justin Hurwitz (score), Benk Pasek y Justin Paul (letras)
Productores: Fred Berger, Jordan Horowitz, Gary Gilbert, Marc Platt

POR JORGE ÁVILA ANDRADE

Contrario a la creencia popular, el género musical nunca ha desaparecido de Hollywood. De hecho, está más vivo que nunca y no gracias a la pantalla grande, sino a la chica, en donde series televisivas como Empire, Glee o más recientemente My Crazy ex Girlfriend han cautivado a la audiencia.

En el cine, lo que va del siglo XXI ha sido muestra inequívoca de que los musicales son y seguirán siendo una de las formas de expresión artísticas más ricas, complejas y emocionalmente enriquecedoras. Así, el espectador ha podido ser testigo de diversas historias de vida, cada una contadas de manera muy peculiar a través del canto y el baile.

Ejemplos sobran: desde la cruda versión de la vida de una madre que hace lo imposible por darle una vida digna a su hijo, mostrada por Lars Von Trier en Dancer in the Dark (2000), pasando por la imposible historia entre un escritor y una cortesana en Moulin Rouge! (ese exquisito e innovador experimento de Baz Luhrmann que se ha convertido en el musical favorito de la Generación X), hasta la vida de varias mujeres criminales que viven en prisión (Chicago), la historia basada en la época de oro del sonido Motown (Dreamgirls) o la vida de dos hermanas separadas por un malvado hechizo (Frozen), el género musical forma parte trascendental de la historia del cine.

a9ac0f8d91ca5565_mcdlala_ec045_hLo anterior viene al caso por la película que más ha dado de qué hablar en las últimas semanas y que se ha convertido en la favorita para arrasar en los Oscares, al cosechar 14 nominaciones: La La Land, dirigida por el joven cineasta Damien Chazelle, amante del jazz y quien sorprendió a propios y extraños en 2014 con su intensa Whiplash. Con La La Land, Chazelle apela a la emoción que ha permeado el cine desde hace tiempo y que ahora, en un mundo cuyo futuro se ve incierto, se ha convertido en una especie de tabla salvavidas y en la forma de escapismo favorita de la gente: la nostalgia.

Tomando como referencia principal al que es considerado el estándar de oro en cuanto a musicales se refiere, Cantando Bajo La Lluvia (Singin’ in the Rain, 1952), La La Land está llena de referencias y homenajes a los viejos musicales de antaño, tales como Un Americano en París, Las Sombrillas de Cherbourg, Amor Sin Barreras, los  clásicos de Ginger Rogers y Fred Astaire (Swing Time, The Band Wagon, Top Hat, Broadway Melody, Shall We Dance), Dulce Caridad y Funny Face, pasando por Moulin Rouge! y hasta La Bella Durmiente.

La historia es sencilla: Mia (Emma Stone) es una barista aspirante a actriz que se topa en su camino con Sebastian (Ryan Gosling), músico y amante del jazz que sueña con tener su propio club para no dejar morir al género. Como buen cliché de película romántica, al principio ambos no se toleran (el destino los une de una manera peculiar y poco agradable en un embotellamiento vehicular en uno de los freeways de Los Ángeles), pero poco a poco se van enamorando el uno del otro y persiguiendo sus sueños.

El éxito que ha tenido el filme -que si bien es para todo tipo de público y abarca varias generaciones, de alguna manera se ha convertido en el musical favorito de los millennials-  radica, principalmente y como mencioné líneas arriba, en el factor de la nostalgia. Si bien la historia de Mia y Sebastian está ubicada en la época actual, su romance y cómo lo van viviendo es algo ya visto y que se mantiene en el inconsciente del espectador.

“¿Cómo pretendes ser revolucionario siendo tan tradicionalista?”, le espeta uno de los personajes secundarios a Sebastian. Y eso es justo lo que pasa con Chazelle y su filme, que muchos expertos exageradamente han calificado como una obra maestra cuando en realidad no lo es porque no está inventando ni reinventando el género. Al contrario, gran parte de lo que se le agradece es que justamente no tenga esas pretensiones, sino la de ser dos cosas: una gran carta de amor a Los Ángeles (de hecho, el término La La Land es justo eso, una forma de referirse a esa ciudad), y un enorme homenaje al musical clásico, a ese en el que el espectador es capaz de apreciar el talento de los actores al verlos ya sea cantar o bailar en tomas abiertas, largas, sin cortes, muy en el estilo de los clásicos de Astaire o Gene Kelly.

maxresdefaultAquí no hay cortes de edición frenéticos estilo video de MTV o como lo que hizo Luhrmann en Moulin Rouge! para darle un ritmo acelerado. No, aquí es lo opuesto. Desde el inicio del filme, con el anuncio de que está filmada en formato de Cinemascope, y la increíble primera secuencia –producto de la escuela que ha dejado Emmanuel Lubezki en los directores de fotografía actuales- en la que el tema Another day of sun es interpretado por docenas de bailarines durante un congestionamiento vial, o el baile de tap entre Stone y Gosling con A lovely night, los movimientos de cámara de Chazelle y su director de fotografía, Linus Sandgren (quien, además, crea bellísimos encuadres que se van a convertir en clásicos), logran darle ese toque técnico de modernidad y, al mismo tiempo, evocan una época en la que la vida parecía ser mucho más sencilla. A nivel técnico, La La Land es insuperable. Pero no es una película revolucionaria en sí, sino que apela a emociones y situaciones que forman parte del inconsciente colectivo y de la cultura popular.

La historia por la que atraviesan Mia y Sebastian no tiene nada de novedoso (incluso se parece mucho a la de Don Lockwood y Kathy Selden, los personajes de Gene Kelly y Debbie Reynolds en Cantando bajo la lluvia), pues lo que ellos enfrentan -y cosas peores- son por lo que atraviesan todos los días cientos o quizá miles de aspirantes a actores o músicos en esa ciudad de grandes sueños –y terribles pesadillas- que es Los Ángeles, un lugar donde, como el propio personaje de Gosling señala, “veneran todo y no valoran nada”.

Por eso el peso del filme recae en sus dos protagonistas. Por un lado, Gosling se ha convertido en el Cary Grant de la generación millennial desde que protagonizó The Notebook junto a Rachel McAdams. Su presencia es agradable, y aunque a la hora del canto y el baile no es tan eficiente y deja algunas cosas que desear, Sebastian es un papel que requiere esfuerzo, compromiso y talento, y Gosling lo saca delante de manera sólida.

21-lalaland-w750-h560-2xSin embargo, la verdadera estrella del filme es Emma Stone. Ella, y no el guión, es quien dota de vida a Mia, mostrando además un rango como actriz que, casi seguro, le hará llevarse el Oscar a casa. No sólo es por el canto o el baile, sino porque de los dos protagonistas es la que más emociones proyecta. Basta ver la primera escena en la que Mia va a hacer audición para darse cuenta de que es más que merecida su segunda nominación a la dorada estatuilla (la primera fue por Birdman, del Negro Iñárritu).

Y desde luego, no existe un musical sin la música correcta. La fortaleza y valor del score compuesto por Justin Hurwitz y las letras de las canciones de Benj Pasek y Justin Paul es que son completamente originales. La La Land no recurre a temas provenientes de obras de Broadway (como los casos de Chicago, Dreamgirls, Mamma Mia o Hairspray) o a versionar temas de los 70, 80 ó 90 (como Moulin Rouge! o Rock of Ages), que de alguna u otra manera ya están en la mente del espectador y detonan, nuevamente, el factor de la nostalgia.

Desde la impactante secuencia de apertura con Another day of sun, pasando por Someone in the crowd y la inolvidable secuencia de tap entre Stone y Gosling con A lovely night, o las nominadas al Oscar City of stars y Audition (The fools who dream), el trabajo de Hurwitz y compañía es algo que no se hacía desde hace muchos años. Esa originalidad se agradece y es importante para darle credibilidad a una película que, además, incluye en su banda sonora y línea argumental un reconocimiento al que quizá sea el único y verdadero género musical nacido en Estados Unidos: el jazz.

Es sumamente refrescante ver un musical en el que la música no tenga nada que ver con el hip-hop o con el pop tradicional, y mucho menos con reciclar temas ya conocidos. Ese es el gran, enorme mérito de Chazelle: retomar imágenes icónicas de varios de los grandes musicales de antaño para apostar por un género que suele ser poco comprendido, con la intención de darle a las nuevas generaciones una prueba de arte, música, baile y romance que buena falta hace en estos tiempos aciagos.

3063128-poster-p-1-emma-stone-melts-our-heartsSu final, poco convencional y excesivamente romántico –que evita caer en lo empalagoso y tradicional, apostando por algo más realista- seguramente quedará a la altura de los clásicos con el tiempo, robando un poco el espíritu de Bogart y Bergman (por cierto, modelo a seguir de Mia, quien tiene un gran cartel de ella colgado en su cuarto) en Casablanca.

Con un mensaje de que los sueños pueden hacerse realidad aunque para ello se tengan que sacrificar muchas cosas en lo personal, de que el amor verdadero es para siempre sin importar las circunstancias, y con un estupendo trabajo de sus dos valientes protagonistas, La La Land es la película optimista del año. En su momento, Cantando bajo la lluvia fue recibida con cierta tibieza y ahora es un clásico considerado el mejor musical de todos los tiempos. En el caso de La La Land, sólo el tiempo dirá cuál es su lugar en la historia del género, pero su gran valor está en el impacto que ha causado en toda una generación a la que ha ayudado aconocer otro tipo de cine, a acercarla a los musicales tradicionales y, lo más importante, a pensar en que es posible amar y bailar entre las estrellas…

Advertisements