imageUn buen amigo me recordó hace poco que Star Wars no es sólo una película, sino un evento. Y tiene razón. Pero no se puede comprender la pasión que genera la historia creada por George Lucas en quien esto escribe sin explicar el contexto y el origen de la misma. Soy un producto de los Baby Boomers, que a mediados y finales de la década de los años 70 vivían una vida, digamos, más sencilla que la de ahora.

Hacia 1977, a los diez años de edad y viviendo en una clase media que ahora parece haber desaparecido, la vida era mucho más sencilla. En México, lo que había para entretenerse eran series televisivas como El Chavo, Chabelo y prácticamente cualquier producto de Televisa, que era quien dictaba el qué y el cómo pasar el rato.

En el cine, la historia no era muy distinta, pues las películas que podía ver a esa edad eran básicamente de Disney. Lo malo es que eran las de su etapa más mediocre en cuanto a animación se refiere, así que no había en realidad muchas opciones. No existía Netflix, Internet, ni teníamos televisión por cable en casa, así que la única manera de entretenerse era con la imaginación y los libros.

Recuerdo perfecto que mi mejor amigo de la primaria me platicó acerca de una película que trataba de naves y un pirata espacial, pero yo no tenía idea alguna de que diablos significaba La Guerra de las Galaxias, que era como se llamaba en español.

No recuerdo exactamente qué día nuestra familia nos llevaron a mí y a mis primos a ver la película. Pero lo que aún resuena en mi mente y corazón es lo que ocurrió después de que se apagaron las luces y apareció el logotipo de 20th Century Fox, Lucasfilm y la frase: “Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana…”

La secuencia inicial, con los acordes de la música de John Williams, la historia de una princesa que tenía los planos de un arma mortal, la vista de una nave que va huyendo de otra, enorme, que parecía no tener fin y la llegada de una siniestra figura de negro, amenazante, pasaron a formar parte, desde ese momento, de mi ADN. Hasta la fecha, cada que veo esa escena me transporto 38 años en el tiempo hasta una época en la que era feliz, sin mayor compromiso o responsabilidad que la de ser un niño.

imageAl salir de la sala, después de haber reído, sufrido, de haberme emocionado y haber aplaudido cuando a los héroes les dan sus medallas, la sensación que tenía era de que podía comerme al mundo (cualquiera que fuera esa idea en la mente de un niño de 10 años), de que vivía en otro mundo, que tenía un sable de luz y, más importante aún, que la vida era buena y que el futuro era esperanzador.

No había juguetes ni nada con lo que pudiera recrear y jugar a lo que vi en la pantalla (el cine donde la vi por primera vez fue el espectacular Cinema La Raza 70, que tenía una pantalla enorme, curva, única en su tipo, del tipo de las que ya no existen), así que lo único que pude tener para recrear ese universo era el soundtrack de la película, mismo que no tuve que pedirle mucho a mi mamá que comprara, pues ella había quedado también impactada.

El primero fue un disco de 45 rpm, que traía el Tema Principal y de lado B el Tema de la Cantina. Al poco tiempo logré tener uno de mis grandes tesoros, el disco doble con el soundtrack completo. En casa se solía escuchar, por la familia, bastante música clásica (además de que en ese entonces yo estudiaba piano), pero lo que hizo Williams conmigo fue tatuar emociones muy profundas, de ahí la importancia que tiene en mi vida… aunque esa es otra historia.

No lo supe bien sino hasta varios años después, pero gran parte de la resonancia que tuvo Star Wars conmigo y mi familia fue por el poderoso concepto religioso que manejaba acerca de La Fuerza, del creer y confiar y del destino. Para mí, la trilogía original está llena de conceptos cristianos profundos, aunque Lucas haya basado su idea en conceptos más bien orientales. Pero que cada quien crea en lo que quiera. Para mí fue ver reflejados en pantalla muchas cosas que estudié de la Biblia y aplicadas a la vida cotidiana. Pero igual, eso es para otro momento.

CONOCIENDO EL LADO OSCURO

imagePero luego, por supuesto, ocurrió lo inevitable: comencé a crecer y la vida a ser… vida. Dos años después, en 1979, ocurrió un hecho que marcó mi vida de mil maneras diferentes: mis padres se separaron. Siendo el hijo mayor, entrando en la adolescencia y recién iniciando la secundaria, con un hermano de seis años y otro recién nacido, mi vida cambió de una manera que no esperaba.

En ese entonces era imposible crear la euforia y las expectativas que ahora hay alrededor de una película. Uno se enteraba de las cosas por los periódicos. Y así fue como supe que iba a existir una continuación de la historia que dos años antes había cambiado mi vida, viendo en el diario Excelsior el anuncio de El Imperio Contraataca.

Y no fue lo que esperaba: Vader decía que era el padre de Luke (“no es verdad”, me repetí durante tres años. “Tiene que ser una trampa para Luke”) y, al final, resulta que ganaron los malos. Pero más allá de eso, lo que me habló fuerte fue el entrenamiento de Luke y la sabiduría de Yoda. Buscando un lugar en el mundo, forjando mi propia personalidad y tratando de encontrar un modelo masculino a seguir debido a la ausencia de mi padre, encontré en Luke al personaje perfecto. Yo tenía que ser como él, seguir su aprendizaje, hacerle caso a Yoda.

Así llegó 1983 y El Regreso del Jedi. A los 16 años, tenía que saber la verdad acerca de Luke, de si Vader era su padre. Quizá proyecté en Vader a mi propio padre, al cual veía como el malo por habernos abandonado… aunque en el fondo, al igual que Luke con Vader, sentía y sabía que todavía había bondad en él. Por eso, el segundo enfrentamiento entre ambos adquirió niveles cuasi religiosos para mí. El que Luke pudiera hacer que, por amor, su padre se redimiera era lo que yo quería hacer en la vida real. No lo conseguí, pues mis padres se divorciaron y nunca volvieron a estar juntos, pero de que Luke, Yoda y compañía me dejaron grandes enseñanzas para la vida, ni duda cabe.

imagePor eso la importancia que tiene Star Wars en mi vida desde entonces (incluso en lo profesional, pues mi primer trabajo lo obtuve escribiendo acerca de las Ediciones Especiales y, curiosamente, también otros empleos me llegaron justo cuando alguna película de Star Wars estaba pot estrenarse, e incluso mi boda coincidió con el estreno de Episodio I, en mayo de 1999).

LA DECEPCIÓN DEL ADULTO

Pasaron largos 16 años para poder volver a ver Star Wars en el cine. Pero igualmente me pasó la vida y, con ella, cambiaron varias cosas. Para 1999, cuando se estrenó Episodio I, La Amenaza Fantasma, ya era un adulto hecho y derecho, con responsabilidades, recién casado y que miraba al mundo, y al cine, de diferente manera.

imageEpisodio I la vi 16 veces en el cine (entre el estreno, las idas con la familia, con el Star Wars Fan Club Mexico, con mis amigos del High Jedi Council y un largo etcétera, que la convirtió más en un evento social que en una película), y si bien la emoción de ver nuevamente Star Wars era fuerte, algo faltaba.

Algo no checaba. El misticismo había desaparecido para convertirse en algo más biológico (¿acaso dije midichlorians?), Vader pasó de ser un villano y criminal redimido a ser un adolescente calenturiento sin personalidad. Algo había pasado con Star Wars. Pero vaya, era eso o nada.

Solo hacia el final de Episodio III, La Venganza de los Sith, parecía sentirse un poco como Star Wars, aunque Lucas traicionó a los personajes que el mismo había creado. La decepción fue grande, pero también quizá yo me había vuelto más cínico, más analítico… o más viejo.

UNA NUEVA ESPERANZA

imageDíez años más pasaron hasta el momento actual, que el mundo habla (para bien o para mal), de El Despertar de La Fuerza. Ya sin Lucas involucrado y bajo el mando del Imperio de Disney, Star Wars a regresa la pantalla grande.

No voy a hacer aquí una crítica o análisis del filme, pues no es el sentido de este texto, pero sí  puedo decir que, nuevamente, volví a sentir algo parecido a lo que viví 38 años atrás, viendo a viejos amigos de los cuales nunca pude despedirme.

Pero la resonancia mayor que ha tenido la nueva cinta para mí se debe, quizá más que cualquier otra cosa, a que es la primera que veo con mi hija, de nueve años, y que es la primera que tiene como protagonista principal a una mujer.

Quizá sea mi deseo de que mi hija se identifique con Rey de la misma manera que yo lo hice con Luke, o que es muy parecida a la cinta original en su estructura (el negocio de la nostalgia, le dicen algunos), pero el caso es que nuevamente entré a una sala de cine y me emocioné como hacía tiempo no lo lograba. Volví, por un poco más de dos horas, a ubicarme en esa galaxia lejana y a blandir un sable de luz, en una especie de pase de antorcha a las nuevas generaciones. Gracias a Star Wars, volví a ser niño de nuevo. Y eso es invaluable. Por eso, Star Wars es mucho más que una simple película… 

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