imitation_game_xlgEL CÓDIGO ENIGMA

* * * 1/2
Título original: The Imitation Game
País: Estados Unidos/Reino Unido, 2014
Director: Morten Tyldum
Elenco: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Matthew Goode, Charles Dance, Mark Strong
Guión: Graham Moore, basado en el libro Alan Turing: The Enigma, de Andrew Hodges
Fotografía: Oscar Faura
Música: Alexandre Desplat
Productores:  Nora Grossman, Ido Ostrowsky, Teddy Schwarzman

¿Cuántos genios, artistas, científicos o personas que pudieron haber aportado positivamente a la humanidad no se han perdido a lo largo de la historia por ser ‘diferentes’ y enfrentar el rechazo de una sociedad hipócrita e intolerante? Básicamente esa es la pregunta que permea a lo largo de El Código Enigma, cuarto largometraje del cineasta noruego Morten Tyldum que está, merecidamente, nominado a ocho Premios de la Academia y es uno de los mejores filmes de 2014.

Tyldum toma como base el libro Alan Turing: El Enigma, de Andrew Hodges, para hacer un brillante análisis y crítica, en forma de thriller, del comportamiento humano hacia quienes se considera diferentes ya sea por su orientación sexual, sus creencias políticas, religiosas, o cualquier otra ideología que no sea la que creemos que es correcta.

El personaje central es Alan Turing (Benedict Cumberbatch), un brillante matemático británico que durante la Segunda Guerra Mundial trabajó con el gobierno de su país en una misión ultrasecreta: descifrar el famoso Código Enigma, que era el nombre que se le daba al cifrado que el ejército Nazi tenía en sus mensajes y que se consideraba imposible de descubrir. Quien fuera capaz de descifrarlo permitiría a los Aliados ir minando la capacidad militar alemana y poder ganar la guerra.

Turing lo hizo, pero la sociedad y el gobierno a los que sirvió y ayudó para que el conflicto armado durara de dos a cuatro años menos de lo esperado, le dio la espalda y lo juzgó, cual bruja en la Edad Media, por el gran pecado de ser homosexual. No importó que Turing hubiera construido la Máquina de Turing (a la que cariñosamente llamaba Christopher), que fue la que ayudó a descifrar el código y que se convirtió en el primer prototipo de lo que años más tarde serían las primeras computadoras. Tampoco importó que hubiera mantenido la misión en secreto ni las miles de vidas que se salvaron gracias a su trabajo.

No, lo único que importó fue que años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Turing fue apresado por cometer actos homosexuales, los cuales en esa época estaban prohibidos y penados en una Inglaterra que se las daba de muy liberal, pero que no sólo a Turing, sino a miles más, terminó encarcelando simplemente por tener una preferencia sexual diferente. Y por aún: el castigo era de dos años de prisión o someterse a un ‘tratamiento médico’ a base de estrógenos (castración química) para curarlo. Con tal de continuar su trabajo, Turing decide por esto último, lo que fue desgastando no sólo su cuerpo, sino su mente y su espíritu, llevándolo a morir a los 41 años de edad de un aparente suicidio.

Tyldum echa mano de su sólido conocimiento del lenguaje cinematográfico para mostrar la historia de Turing, pero se apoya por completo en el entrañable y sólido trabajo de sus actores principales, Cumberbatch y una sorprendente Keira Knightley. Cumberbatch demuestra que la fama que ha adquirido gracias a su personificación en TV de otro genio incomprendido, Sherlock Holmes, no es obra de la casualidad sino de su talento. Aquí su personaje, sin embargo, es mucho más humano y vulnerable que Holmes, y Tyldum logra sacar lo mejor de él para hacer de Turing un tipo arrogante pero frágil, genial pero miedoso, dueño de varios demonios internos que le impidieron explotar al máximo su potencial. No en balde el trabajo de Cumberbatch fue reconocido con una más que merecida nominación al Oscar como Mejor Actor.

Por su parte, Knightley sorprende en su papel de Joan Clarke, una chica con un IQ igual o superior al de Turing, pero sin tantos fantasmas rondando a su alrededor. Como parte del equipo de Turing que se dedicó a descifrar el código, Joan era la única que podía comprender el estrafalario y obsesivo comportamiento de éste, pues básicamente hablaba su mismo idioma. Clarke era la que lo mantenía en equilibrio y llegó a sentir amor por él, apoyándolo años después cuando la vida de Turing – y su sanidad mental – iba en declive debido al ‘tratamiento’. En ese sentido, Knightley logra la actuación más fina de su carrera, recompensada también de manera muy justa con la nominación al Oscar como Mejor Actriz de Reparto.

El tercer elemento que utiliza Tyldum de manera muy favorable para su relato es la música de Alexandre Desplat, uno de los compositores más interesantes de los últimos años, quien viste los diferente estados mentales por los que atraviesa Turing con un score por momentos incisivo, inquieto, que va describiendo emocionalmente lo que presenta la pantalla. Una de las ocho nominaciones al Oscar que obtuvo el filme es para él, con justa razón.

El Código Enigma narra la historia del héroe olvidado, del marginado social, del incomprendido y del condenado, algo que no ha variado mucho de la época de los años 40 en que está ubicada la historia a la fecha. Con una producción cuidada, detallista, sólidas actuaciones de su elenco y una historia que se concentra más en mostrar la parte humana de Alan Turing que en su trabajo científico, es una cinta imprescindible cuyo mensaje e historia resuena en la actualidad y que muestra como la humanidad ha sido culpable de privar al mundo de mentes brillantes, creativas e importantes por su ceguera emocional y miedos infundados.

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