whiplash posterWHIPLASH: MÚSICA Y OBSESIÓN
* * * 1/2

Título original: Whiplash
País: Estados Unidos, 2014
Director: Damien Chazelle
Elenco: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser
Guión: Damien Chazelle
Fotografía: Sharone Meir
Productores:  Jason Blum, Helen Estabrook, Michel Litvak, David Lancaster

Uno de los géneros musicales más difíciles de dominar es el del jazz, en el que muy pocas personas logran sobresalir a grandes niveles debido a la complejidad y estructura del mismo. Por ello sus grandes leyendas han trascendido al paso de los años y siguen más que vigentes: Charlie Parker, John Coltrane, Miles Davis, Wynston Marsalis, Count Basie, Duke Ellington…

Pero ¿qué pasa con los jóvenes músicos que entran a estudiar a una prestigiada academia y tienen que hacer enormes sacrificios para tratar de sobresalir? Eso es lo que muestra el joven cineasta Damien Chazelle, quien con sólo 30 años ha logrado una de las mejores cintas de los últimos años: Whiplash, que en México lleva el extraño subtítulo de Música y Obsesión y que llega con cinco nominaciones al Oscar, entre ellas la de Mejor Película y Mejor Actor de Reparto para J.K. Simmons.

Chazelle toma como base para su historia el cortometraje del mismo título que presentó en el Festival de Sundance y que se convirtió en una sensación hace un par de años, repitiendo en el equipo con Simmons en el personaje del rudo, sádico y maquiavélico profesor Terence Fletcher y llevando las cosas mucho más allá, al grado de lograr una cinta que mezcla perfectamente los elementos típicos de una película de deportes con un thriller mental.

Andrew Neiman (Miles Teller) es un joven baterista que entra a estudiar al prestigioso Conservatorio Shaffer en Nueva York (una especie de Academia Juilliard, por donde han pasado músicos como Bill Conti, Chick Corea, Miles Davis, Philip Glass y John Williams, entre muchos otros), y cuyo talento llama la atención del profesor más perfeccionista y temido de todos, Terence Fletcher (Simmons), cuyos métodos de enseñanza no son precisamente los más tradicionales.

Fletcher no es un profesor que eleve la estima de sus alumnos o que los haga pensar en grande de la manera tradicional, sino que por el contrario, los insulta, los humilla, los hace perder el amor propio todo en búsqueda, según su punto de vista, de que rompan sus límites, los eleven y lleguen a la excelencia. Exactamente lo opuesto a grandes profesores cinematográficos como John Keating (Robin Williams en La Sociedad de los Poetas Muertos), Glenn Holland (Richard Dreyfuss en Mr. Holland’s Opus) o Mark Thackeray (Sidney Poitier en Al Maestro con Cariño).

Fletcher, de hecho, es más parecido al personaje del Sargento Hartman (R. Lee Ermey) de Full Metal Jacket: un tipo que exige perfección y al que no le importan los medios para lograrlo, así tenga que pasar por encima de la dignidad de las personas, hostigándolos y humillándolos física y emocionalmente con tal de lograr su objetivo. De hecho, una de las mejores frases del filme la expresa Fletcher, y con mucha razón: “Las dos palabras más dañinas que existen son: ‘Buen trabajo'”, con la que ejemplifica su deseo de que sus estudiantes, y la gente en general, no se quede en su zona de confort y vaya más allá de lo que cree que es capaz. Fletcher es un loco, pero con cordura en muchos sentidos.

A lo largo del filme, Chazelle va tejiendo la relación entre sus dos protagonista de una manera vertiginosa, y en el que uno complementa al otro en varios sentidos. Fletcher ve en Andrew al músico que él no pudo ser, mientras éste está dispuesto a sacrificarlo todo, incluso su incipiente relación amorosa con Nicole (Melissa Benoist), con tal de llegar a la cima y convertirse en uno de los “grandes”.

Utilizando una extraordinaria edición de Tom Cross y la por momentos sombría fotografía de Sharone Meir, Chazelle va creando una atmósfera que recuerda más a un thriller que a un filme musical, convirtiendo a los pasillos y salones de clase de la escuela en representación de los caminos mentales, cada vez más pequeños y aislados, por los que va a travesando Andrew. Simplemente la secuencia final, en la que el espectador es testigo de un solo de batería de más de 10 minutos, vale la pena el boleto, pues Chazelle y su equipo hacen de una simple presentación musical un brutal intercambio de emociones entre profesor y alumno, digno de cualquier cinta en la que no se sabe qué va a pasar al final.

Para llegar a ese punto, el espectador ya fue testigo, y cómplice, de la relación un tanto sadomasoquista entre ambos, misma que es proyectada de manera magistral tanto por el trabajo actoral de Teller como el de Simmons, quien logra no sólo la mejor interpretación de su carrera y lo tiene como el gran favorito para llevarse el Oscar, sino que deja para la posteridad a un “villano” digno de mencionar en la historia del cine, que no cae en el simplismo de hacerlo completamente despreciable, sino que tiene un lado humano que logra que el espectador comprenda las razones de su comportamiento, a pesar de que en lo externo es un verdadero sádico.

Teller, por su parte, logra de manera muy sólida darle a Andrew ese aire ambivalente, en el que por un lado es un chico común y corriente, que se enamora de la chica que lo atiende en el cine, al que acude con su papá (Paul Reiser), y que al mismo tiempo tiene la arrogancia de saber que su talento es fuera de lo común, llegando a retar al profesor ante el que todos bajan la vista. Quizá el único defecto del filme sean los personajes de Benoist y Reiser, los cuales terminan por no tener ningún tipo de impacto en la historia y sólo sirven para darle al filme algunos momentos de calma en medio del frenesí que lleva.

Por lo demás, Whiplash (cuya traducción literal sería ‘Latigazo’ y cuyo título es tomado de una de las partituras que el personaje principal tiene que dominar con su batería) es una de esas agradabilísimas sorpresas que valen la pena ver no una, sino varias veces. Es de esas películas que ofrecen mucho más de lo que aparentan a simple vista, y un claro ejemplo de cómo el talento (a pesar de su juventud en el caso de Chazelle), no conoce edad ni barreras. De esas que no se pueden perder.

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