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LA TEORÍA DEL TODO
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Título original: The Theory of Everything
País: Estados Unidos, 2014
Director: James Marsh
Elenco: Eddie Redmayne, Felicity Jones, David Thewlis, Emily Watson
Guión: Anthony McCarten
Fotografía: Benoît Delhomme
Productores:  Tim Bevan, Eric Feller, Lisa Bruce, Anthony McCarten

Por regla general, muy pocas biopics logran mostrar en su total complejidad la vida del personaje que presentan en la pantalla, pues siempre se corre el riesgo de omitir detalles y pasajes importantes u obscuros en la historia del mismo. Y aunque La Teoría del Todo no es la excepción, al menos logra poner en el ojo público y para las nuevas generaciones a unos de las mayores mentes científicas que ha dado la humanidad en el último siglo, la del astrofísico británico Stephen Hawking.

Dirigida por James Marsh (ganador de múltiples reconocimientos por su documental Man on Wire), la cinta está basada en el libro Travelling to Infinity: My Life with Stephen, escrito por quien fuera la primera esposa del científico y que terminara siendo una de las personas más importantes en su vida, Jane Wilde.

La historia comienza en 1963, cuando el entonces estudiante de astrofísica, Stephen Hawking (un impresionante Eddie Redmayne) conoce en una fiesta de la Universidad de Cambridge a Jane (Felicity Jones), estudiante de literatura y fiel creyente en la existencia de un ser supremo, lo cual se contrapone con la mentalidad científica de Hawking. Sin embargo, estas diferencias no evitan que se enamoren.

Al mismo tiempo, Stephen descubre que padece una enfermedad neuronal que afecta su motricidad, ALS o Enfermedad de Lou Gerigh, por lo que el dictamen médico no le da más allá de dos años de vida. Sin embargo, es gracias al amor de Jane que el cientifico no sólo sobrepasa esa fecha fatídica por muchos años, sino que tiene una vida más o menos normal: se casa, tiene hijos y comienza a desarrollar su trabajo de investigación, que tiene como objetivo principal el encontrar una ecuación matemática que lo explique todo en el mundo.

Pero una vida bajo esas condiciones tiene sus momentos difíciles. Por un lado, el cerebro de Hawking está intacto en la parte intelectual, pero su incapacidad para moverse o expresarse lo frustra, aunque nunca pierde cierto sentido del humor. Por otro lado, Jane a pesar de haberle dado los mejores años de su vida y dedicarse en cuerpo y alma a ayudar a su esposo, no puede evitar sentirse atraída hacia el director del coro de su iglesia, Jonathan (Charlie Cox), con quien eventualmente tiene una relación sentimental.

Para quienes esperen una película que hable de asuntos científicos y muestre la importancia que en ese terreno ha tenido Hawking, esta no es la opción. Si bien es un filme acerca de una gran mente científica, esa parte es tocada de manera un tanto superficial, pues en realidad de lo que trata es de mostrar la vida de una pareja que le hace frente a la adversidad, y aunque suene cursi, de cómo el amor es capas de soportarlo todo.

Y en ese sentido es donde el trabajo de Marsh cumple su cometido, a pesar de que el filme tiene varias inexactitudes históricas y omite ciertos pasajes clave en la vida de Hawking. Es como la versión rosa de su vida, sin las partes más oscuras, tomándose libertades creativas en aras de mostrar una historia que, ante todo, es la de un gran romance.

Para lograrlo, hay tres elementos clave en el filme que ayudan a que genere un impacto en la audiencia. El primero, por supuesto, es la excelsa interpretación de Redmayne, quien se convierte literalmente en Hawking, mostrando de manera más que convincente el deterioro físico que sufrió el cientifico. Es una de esas actuaciones históricas y de las que le encanta premiar a la Academia de Hollywood con el Oscar.

Redmayne no pierde nunca el sentido de lo que hace para no caer en exageraciones y mostrar siempre el lado humano de Hawking. Al.menos media película actúa prácticamente con los ojos y las cejas, expresando a través de ellos al ser humano que está dentro de ese cuerpo descompuesto. Redmayne es el único capaz de quitarle el Oscar a Michael Keaton, quien es el favorito para obtenerlo por su trabajo en Birdman, y no sería raro que a pesar de no tener una gran trayectoria en el cine, se lleve a casa la codiciada estatuilla. De ese calibre es su trabajo.

El segundo elemento es el trabajo que quien es su complemento en pantalla, una sorprendente Felicity Jones que, muy en el estilo británico, crea un personaje que es estoico y abnegado, pero que al mismo tiempo tiene un gran sufrimiento interno. La química entre ella y Redmayne es crucial para el desarrollo de la historia y para que los personajes sean creíbles para el espectador. Más que merecida su nominación al Oscar a Mejor Actriz, el cual no va a ganar más que nada por su juventud, pero que muestra que es capaz de ser mucho más que una cara bonita.

El tercer elemento es la emotiva y nostálgica banda sonora, cuyo score esta a cargo del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, quien logra darle el toque emocional y elegante que necesita la historia sin caer en demasiada melcocha sonora. Su trabajo es fino, minimalista y muy adecuado a lo mostrado en pantalla. Su nominación al Oscar (y muy probable triunfo) así lo avalan.

La Teoría del Todo es uno de esos filmes elegantes, sólidamente realizados, que cada año sorprenden por su calidad en términos generales. Es, ante todo, una gran historia de amor que sirve para mostrar la vida de una persona extraordinaria que ha cambiado el curso de la ciencia en el último medio siglo, pero que ante todo es un ser humano, padre y esposo digno de la mayor admiración. Ampliamente recomendable.

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