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BIRDMAN
* * * 1/2
Título original: Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance)
País: Estados Unidos, 2014
Director: Alejandro González Iñárritu
Elenco: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Amy Ryan
Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Jr., Armando Bo
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Antonio Sánchez

La reinvención siempre es algo positivo, pues lleva implícito el salirse de la zona de confort, desechar viejos hábitos y mejorar las debilidades que se vienen arrastrando, además de hacer un autoanálisis y autocrítica para tratar de mejorar. Eso es exactamente lo que hace Alejandro González Iñárritu en Birdman (o La Inesperada Virtud de la Ignorancia), quinto filme de una carrera que ha dividido opiniones pero que ha demostrado ser exitosa.

Lejano se ve ya el tiempo en que Iñárritu fue uno de los locutores y creadores de WFM, o el encargado de la imagen corporativa de Televisa durante la década de los años 90, e incluso del Iñárritu que logró una de las obras fundamentales del cine mexicano del Siglo XXI, Amores Perros, la cual influyó en una buena cantidad de cineastas que la han querido imitar, pero sin la eficacia narrativa y técnica del famoso Negro.

Sus posteriores cintas, 21 Gramos, Babel y Biutiful, muestran a un Iñárritu cómodo y dominador de su narrativa (muy a lo Robert Altman, con sus historias cruzadas, mezclado con un tanto de Ripstein y su sórdida visión del mundo), pero que a muchos les parecía ya un tanto repetitiva. A pesar de ciertas críticas, el trabajo del Negro ha sido de alto calibre, sobre todo en la parte actoral, pues si algo no se le puede negar es que es un estupendo director de actores. Muestra de ello es que al menos uno de sus actores siempre ha estado nominado al Oscar, logro que muy pocos cineastas pueden presumir.

Más allá de si la personalidad y el ego de Iñárritu han impactado a la visión que la crítica (sobre todo la malinchista crítica nacional) tiene sobre sus filmes, la realidad es que ha logrado, junto con Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, poner el nombre del talento mexicano muy en alto, proponiendo cosas novedosas e inventivas, que vayan más allá de lo comercial. Y el caso de Birdman es un ejemplo perfecto, pues se trata de un filme que no está basado en una franquicia exitosa, no es secuela de nada y muestra una historia poco convencional narrada de manera brillante. Pero Birdman va más allá, pues al mismo tiempo es una ácida sátira-crítica de la fama, el ego, el poder, la celebridad instantánea y de la maquinaria de Hollywood que ofrece puro estilo sobre sustancia con el único fin de generar millones de dólares.

La trama de Birdman es relativamente sencilla: un veterano actor, Riggan Thomson (Michael Keaton), obtuvo la fama mundial dos décadas atrás por haber interpretado al superhéroe Birdman en una saga que dio tres película y que lo convirtió en una celebridad. Ahora, intenta regresar al mundo de la actuación montando una obra de teatro en Broadway, la cual dirige, produce y estelariza. Pero para lograrlo deberá contar con la ayuda de un actor respetado en el medio, Mike Shiner (Edward Norton), así como la de su hija y ex drogadicta Sam (Emma Stone), su actual pareja Laura (Andrea Riseborough) y el productor de la obra, Jake (Zach Galifianakis).

Pero no todo es miel sobre hojuelas para Riggan, pues constantemente su alter-ego, Birdman, le habla en su cabeza y lo empuja para que intente regresar a interpretar al superhéroe, ganar millones de dólares y ser famoso en todo el mundo. Toda similitud con lo que ocurrió con la carrera de Keaton, quien alcanzó la fama mundial hace más de dos décadas al interpretar a Batman, en las dos primeras películas sobre el superhéroe dirigidas por Tim Burton, y cuya carrera se apagó de alguna manera al no continuar en la misma, no es coincidencia.

El filme de Iñárritu funciona en más de un nivel y tiene varias lecturas. A nivel actoral el Negro logra la que es, sin duda, la mejor actuación de Keaton en su carrera y con la que regresa en plena forma, siendo capaz de pasar de la cordura a la locura en un instante. Conforme va pasando la historia, es palpable la locura por la que va atravesando su personaje pero sin caer en los excesos de, por ejemplo, un Beetlejuice. Keaton logra uno de esos trabajos finos, audaces y poco comunes que ya lo tienen mencionado como uno de los rivales a vencer en la próxima entrega del Oscar.

Pero Keaton no lo logra solo, por lo que se apoya en un extraordinario trabajo del elenco, donde sobresale el talento de Edward Norton, cuyo otro trabajo de este año (El Gran Hotel Budapest), recuerdan lo desperdiciado que estuvo durante un buen rato en filmes sin mucha trascendencia. Su duelo actoral con Keaton es simplemente de agasajo. De igual manera responde Emma Stone, quien tiene una secuencia brutal y demoledora para el personaje de Riggan, y quien no se inmuta ante el talento de sus compañeros.

En sus anteriores filmes, Iñárritu había trabajado con un estupendo fotógrafo como Rodrigo Prieto, pero para Birdman necesitaba al mejor quizá de todo el mundo: Emmanuel Lubezki. El trabajo del Chivo demuestra no sólo su dominio del lenguaje cinematográfico, sino que simple y sencillamente se encuentra en una liga en la que quizá nadie esté a su altura. El filme está realizado de tal manera que parece que está rodado en una sola toma, pero es tal la perfección lograda por Lubezki que no se notan los cortes. Chivo lleva aquí su trabajo en Gravity (por el que ganó el Oscar), simplemente a otro nivel: su cámara flota, gira, sube, baja, se mete en las entrañas del teatro St. James (que es donde transcurre la mayor parte del filme) y las convierte en una metáfora de los recovecos emocionales y mentales por los que atraviesa el protagonista, al mismo tiempo que se convierte en un personaje más dentro de la trama, testigo en primer plano de las emociones, sueños, miedos y frustraciones de los actores. Si Chivo ganó el Oscar por Gravity, lo justo es que repita gracias a su trabajo aquí.

Pero quizá el punto más importante de Birdman es la deconstrucción que hace no sólo del ego del personaje principal, sino de diversos aspectos de la fama, la celebridad, las redes sociales, la prensa de espectáculos y todas aquellas cosas con las que Iñárritu y su elenco han tenido que lidiar a lo largo de los años. Por un lado, la escena con la prensa pretenciosa o vacía, que por igual peca de sabelotodo al citar un texto de Roland Barthes o que le pregunta a Riggan si es verdad que utiliza semen de cerdos bebés para mantener el aspecto juvenil; o la crítica despiadada -representada por la crítica teatral del New York Times y que amenaza con destruir la obra y carrera de Riggan (“¿Qué tuvo que ocurrirle en la vida a alguien para convertirse en crítico?”, le espeta Riggan en respuesta).

Otro crítica va dirigida a las redes sociales y la fama instantánea -y efímera- que generan de cualquier individuo que aparezca en YouTube, por ejemplo. “Odias a los blogueros, tienes miedo de Twitter y ni siquiera tienes página de Facebook. No existes”, le receta su hija a Riggan, quien después se vuelve una celebridad no por su trabajo, sino por el video en YouTube que alguien grabó y en el que aparece caminando en ropa interior en pleno Times Square, en una de las escenas más hilarantes del filme. O el significado -y las inseguridades- de ser una celebridad: “¿Por qué tengo tan poca autoestima?”, pregunta en un momento el personaje de Watts. La respuesta es contundente: “Eres una actriz”. “Tú no eres un actor, eres una celebridad”, o “la popularidad es la prima prostituta del prestigio”, son sólo algunas de las frases con las que Iñárritu y compañía se mofan no sólo de una maquinaria poderosa, sino incluso de ellos mismos.

“El otro día soñé que estaba en un avión con George Clooney y hubo un accidente. El único que salió en las noticias fue Clooney, y todo por esa barbilla”, comenta en un momento el personaje de Keaton, cuyo alter ego quien también la agarra contra celebridades actuales, como Robert Downey Jr.: “Ese payaso no tiene ni la mitad de tu talento, pero está haciendo una fortuna en ese traje de Hombre de Hojalata”, en clara alusión a otro superhéroe, Iron Man. Adecuadamente, sin que Birdman sea una película de superhéroes, el mundo de éstos permea el filme: George Clooney, Edward Norton, Robert Downey y Michael Keaton son ahora considerados grandes actores, pero en algún momento dieron vida a un superhéroe, sea de manera exitosa (Keaton como Batman, Downey como Iron Man), regular (Norton como Hulk) o mala (Clooney como el Batman de Schumacher). Incluso Emma Stone tiene relación con los mismos, tras haber aparecido en las dos recientes películas de Spider-Man.

Birdman representa quizá el mejor trabajo de Iñárritu, quien como lo mencioné al principio, se reinventa de una manera hilarante, pero al mismo tiempo profunda y que invita a la reflexión acerca de diversos temas como la aceptación, la trascendencia, la importancia o no del éxito, la fama y la realización personal. Divertida, visualmente asombrosa y diferente, Birdman es un película redonda por donde se le vea y un muy agradable y sorpresivo regreso de Iñárritu al cine de altísima calidad. Simplemente imprescindible.

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