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EL LIBRO DE LA VIDA
* * * 1/2
Título original: The Book of Life
País: Estados Unidos, 2014
Director: Jorge R. Gutiérrez
Elenco voces (inglés): Diego Luna, Zoe Saldanha, Channing Tatum, Ron Perlman (Español): Diego Luna, Kate del Castillo, Ana de la Reguera, Sandra Echeverría
Guión: Jorge R. Gutiérrez y Doug Langdale
Música: Gustavo Santaolalla

El mundo de la animación no es propiedad exclusiva de Disney o Pixar, y 20th Century Fox lo demuestra con creces con El Libro de la Vida, que además de ser visualmente asombrosa, está realizada por una compañía debutante que promete muchas cosas, Reel FX Animation Studios, con base en Dallas, Texas.

El grupo de animadores está liderado por Jorge R. Gutiérrez, quien ya había dado muestras de su talento y su interesante estilo visual en series como El Tigre: The Adventures of Manny Rivera y Mad, y que ahora se convierte en uno de los más interesantes ‘protegidos’ de Guillermo del Toro, quien produce este sorprendente filme acerca de una de las más mexicanas de las tradiciones: Día de Muertos.

La trama de El Libro de la Vida es sencilla, pero no por eso deja de ser interesante, sobre todo por la manera como visualmente se resuelve: un grupo de amigos (María, Manolo y Joaquín) son separados en la infancia y se vuelven a reencontrar años más tarde convertidos en lo que siempre quisieron ser (o en lo que sus padres quisieron que fueran). María (voz de Sandra Echeverría) regresa al pueblo de San Ángel después de varios años en España donde se convierte en una mujer poco usual, feminista y capaz de entrar a la lucha armada sin miramientos.

Joaquín se convierte en el héroe del pueblo y en alguien prácticamente invencible (previa ‘mano negra’ de una medalla mágica que lo hace invulnerable), y Manolo (Diego Luna) se convierte (o está a punto de hacerlo) en el torero que su padre quiso que fuera, aunque su gran pasión es la música. Los tres juegan un papel fundamental en una apuesta realizada por dos seres mágicos, La Catrina (reina de la Tierra de los Recordados) y Xibalba (gobernante del inframundo, la Tierra de los olvidados), misma que ocurre el Día de Muertos, 2 de noviembre.

Cuando Manolo muere por una trampa de Xibalba, viaja a la Tierra de los Recordados donde se reúne con su familia, pero al darse cuenta de que fue víctima de un engaño y su tiempo de morir aún no llegaba, hace todo lo que está a su alcance para regresar al mundo real y luchar por la mano de su amada María, a la cual Joaquín ya ha propuesto matrimonio, e intentar salvar a su pueblo de la extinción a la que los amenaza la presencia de Chacal, el peor villano de todos.

Con el apoyo de Del Toro, al cual la comunidad internacional de cine le tiene un gran respeto, Gutiérrez se atreve a realizar lo que parecía impensable: una película de producción estadounidense, distribuida por uno de los grandes estudios de Hollywood, pero que habla ciento por ciento de México y una parte importante de nuestra cultura. Desde el inicio, Gutiérrez marca el todo del filme cuando comienza la narración y muestra que México es el centro del universo (representado, ¿por qué no?, por un mapa de la República con un enorme bigote), y no nada más lo hace de palabra, sino que lo demuestra en cada cuadro de su filme.

La tradición de Día de Muertos nunca se había visto tan colorida y festiva como en El Libro de la Vida: ofrendas, dulces, colores, papel picado, piñatas, pan de muerto, veladoras y un larguísimo etcétera que de inmediato hace sentir al espectador como en casa. En ese aspecto, visualmente recuerda un poco a dos películas animadas: El Cadáver de la Novia, de Burton, en el que el mundo de los muertos tiene más vida que el de los vivos, y al cortometraje Día de los Muertos, de Ashley Graham, Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre, en el que una pequeña niña es llevada por su madre muerta a un mundo lleno de color.

Pero aquí Gutiérrez va más allá, pues si bien su Tierra de los Recordados es un festín de color y alegría, su mundo ‘normal’ también tiene color, alegría, humor, mariachis, lidias de toros, fiesta… una visión de un México que, en vista de los hechos reales recientes, pareciera formar parte de un cuento de hadas.

Visualmente el filme es impresionante, destacando por mucho el nivel del detalle puesto en todos y cada uno de los personajes de la trama y en lo que los rodea: casas, vestuario, conformación estética… no hay punto que se escape. Desde el aspecto de madera de los personajes principales hasta el entorno que los rodea y los diferentes mundos por los que atraviesa la historia, es un festín que incluye, además, varias referencias visuales ya sea a los trazos de los cartones de Magú o, por supuesto, a la representación de José Guadalupe Posada, aunque fuertemente estilizados.

A lo anterior se suma una banda sonora que juega -para crear empatía con el público de otros países- con temas varios que son reinterpretados en versiones muy mexicanizadas de temas como Creep, de Radiohead o Do you think I’m Sexy?, de Rod Stewart, o utiliza temas de otros compositores a los que les da otro sentido. Caso concreto el de The Ecstasy of Gold, del maese Ennio Morricone. Sin olvidar, por supuesto, la música original compuesta por el legendario productor musical argentino Gustavo Santaolalla, quien logra un sonido que, por un lado, se siente y escucha mexicano, y por el otro, tiene un atractivo universal.

A nivel argumental, la historia no es nada del otro mundo o nunca antes vista: dos amigos que luchan por el amor de una chica, la imposición de los deseos de un padre, el regresar de la muerte para salvar al ser amado… pero la manera de presentarla es fuera de lo común y se adapta a la época contemporánea, presentando, por ejemplo, personajes femeninos (La Catrina, María, Carmen) fuertes, no sumisos; con un mensaje ambientalista (no es bueno matar a un toro) y que incita a los más pequeños a seguir sus sueños (el amor de Manolo por la música, el escribir la propia historia, el amor por la familia y las tradiciones). Todo queda empaquetado en un filme que se antoja como una caja de bombones que deja una gratísima sensación al final.

El trabajo vocal del elenco, particularmente en la versión en español, es sobresaliente. Echeverría y De la Reguera (María y Carmen, respectivamente) demuestran la experiencia que han aprendido en el mundo del doblaje, mientras que Del Castillo es exquisita dándole vida a La Catrina. Pero quien se lleva las palmas es Diego Luna, quien no solamente se adueña de su personaje, sino que logra un muy valiente trabajo al cantar varios de los temas del filme.

El Libro de la Vida es una gran carta de amor a México realizada por Gutiérrez y Del Toro, y ahí radica su importancia. Muestra a un México que no se ha ido, un México que también es cultura, fiesta, color, vida, tradiciones, familia, y no sólo el país lúgubre que ha estado lleno de violencia y que se refleja todos los días en las noticias. Es una muestra alegre y divertida de que como nación también tenemos nobleza, gallardía y valores, y que sólo necesitamos algo que nos lo recuerde.

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