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Título original: Interstellar
País: Estados Unidos-Reino Unido, 2014
Director: Christopher Nolan
Elenco: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Wes Bentley
Guión: Jonathan y Christopher Nolan
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Música: Hans Zimmer

Si algo se le debe agradecer al cineasta británico Christopher Nolan no es haber revivido la figura de Batman en el cine, sino ser uno de los pocos realizadores que tienen propuestas nuevas, atrevidas e interesantes en el cine actual. Su filmografía así lo demuestra con títulos como Memento (2000), Insomnia (2002), The Prestige (2006) o Inception (2010), en los que tuerce y reinventa parte del lenguaje cinematográfico para crear algo propositivo y visualmente espectacular.

De la misma manera en que ocurrió con Steven Spielberg a principios de los años 80, a Nolan se le ha acusado de ser un cineasta visualmente interesante e innovador, pero cuyas películas carecen de profundidad filosófica, intelectual y/o emocional, pero si se hace un repaso de su trabajo es fácil darse cuenta que dichas acusaciones son infundadas. Si bien en su cine lo que más destaca es el aspecto técnico, en el fondo Nolan y Spielberg son un par de románticos que comparten un profundo amor por la familia, la pareja o, en el más reciente caso, por algo incluso más trascendente como la humanidad.

En Memento presenta la búsqueda que realiza un hombre del asesino de su esposa; en The Prestige la trama se desencadena tras el aborto de la esposa de dos magos antagonistas; en Inception es el recuerdo de una esposa fallecida… el punto es que las relaciones familiares o de pareja son de suma importancia para Nolan. Y eso lo demuestra de manera más que clara en Interestelar (2014), filme que él mismo señala como su obra más personal.

Interestelar ha sido publicitada como una película de ciencia ficción, y en su parte más pura lo es, pero va mucho más allá de la pura convención genérica. La historia es sencilla: La humanidad está cerca de desaparecer debido a que los cultivos están desapareciendo, dejando a la Tierra envuelta cada vez más en polvo y la incapacidad de poder producir el alimento que necesita para sobrevivir. Cooper (Matthew McConaughey), ex piloto de la presuntamente desaparecida NASA, es enviado en una misión espacial a otra galaxia (a través de un agujero de gusano que se descubrió cerca de la órbita de Saturno) para tratar de encontrar un nuevo hogar al humano, que tarde o temprano tendrá que abandonar el planeta para evitar su extinción. Pero el viaje no es precisamente como lo esperaba, por lo que tendrá que romper con varias creencias y leyes de la física y metafísica para poder lograr su objetivo.

Con lo anterior como premisa, Nolan y su hermano, Jonathan, desarrollan una historia que explora mucho más allá de los viajes en el espacio, los agujeros negros, las múltiples dimensiones, el continuo espacio-tiempo y otros conceptos científicos que si el espectador promedio desconoce, le hará lenta y hasta un tanto incomprensible la trama. En este aspecto, Nolan se apoya en la consultoría del científico Kip Thorne, uno de los mayores expertos en las implicaciones astrofísicas de la Teoría de la Relatividad de Einstein, los agujeros negros y la posibilidad de viajar a través de los llamados agujeros de gusano, además de ser viejo amigo de Carl Sagan y Stephen Hawking. En otras palabras, la ciencia mostrada en Interestelar es de alto calibre y completamente apoyada en estudios recientes. El problema es que, por momentos, ésta resulta demasiado elevada y hasta incomprensible para el espectador promedio.

Pero Nolan apuesta por algo más, pues en el fondo su filme es, más que una película de ciencia ficción, una gran historia de amor entre un padre, Cooper (un McConaughey que sigue en plan de ganador de Oscar) y su hija, Murph (una adorable Jessica Chastain, quien representa al personaje en su edad adulta), además de que plantea situaciones ambientalistas (la Tierra se vuelve un lugar árido gracias a la irresponsabilidad del hombre), filosóficas (¿qué nos vuelve humanos? ¿cuál es la fuerza más grande que puede trascender al espacio y el tiempo? ¿seremos capaces de trascender como raza y evolucionar hacia un estado de conciencia y tecnología más elevado que nos permita sobrevivir sin repetir los errores del pasado?) y hasta metafísicas (¿es posible ‘doblar’ el espacio, el tiempo, y utilizarlos en nuestro favor? ¿cuál es la realidad en la que vivimos? ¿la que vemos con los sentidos o hay una realidad más allá de lo que podemos percibir?).

Pocos cineastas se atreven a mezclar todo lo anterior en una cinta que, además, tiene el potencial para impactar en taquilla gracias a su elenco: McConaughey es, más que el héroe de la historia, la representación de una humanidad que creció a la vieja usanza, con las viejas teorías y enseñanzas, y que debe abrirse a otras posibilidades. Dejando por completo de lado la imagen que tenía hace años, McConaughey demuestra que su Oscar por Dallas Buyers Club no fue casualidad, pues se convierte en el corazón y alma de la película. En una de las secuencias más emotivas del filme, su reacción ante una imagen de sus hijos que recibe años después es simplemente conmovedora.

Anne Hathaway, quien previamente ya había trabajado con Nolan, logra un sólido trabajo (aunque quizá algo desperdiciado) como Amelia Brand, la hija de un científico (Michael Caine) quien es el responsable del proyecto que los envió a otra galaxia; y Chastain es completamente creíble como la hija de Cooper, quien se vuelve científica y es pieza clave en el desenlace de la trama.

Nolan ha declarado ser fan de cintas como 2001: Odisea del Espacio, de Kubrick, o Encuentros Cercanos del tercer Tipo, de Spielberg, y las referencias a ambos filmes son claras, aunque también tiene algo de Solaris, de Tarkovsky, y hasta de Prometeo, de Ridley Scott. No llega a la profundidad filosófica y hasta esotérica de 2001, sino que su tono y hechura están más cercanos al cine de Spielberg, aunque también es imposible no conectarla con una de las cintas más menospreciadas de la ciencia ficción, Contacto, de Robert Zemeckis. De hecho, el personaje de McConaughey (quien en la cinta de Zemeckis interpreta a un pastor evangélico) se convierte un poco en lo que fue el de Ellie Harroway (Jodie Foster): el científico que tiene que enfrentar una realidad que escapa a sus creencias.

Jonathan Nolan comenzó a trabajar el guión de Interestelar para que fuera dirigido por Spielberg, y su hermano Chris logró crear a la perfección ese híbrido entre Kubrick y Spielberg que este último no logró del todo con A.I. Inteligencia Artificial. Ahora bien, el filme de Nolan no es perfecto. Tiene una secuencia y un personaje que fácilmente pudieron haber quedado fuera y el resultado hubiera sido incluso más impactante, quitándole unos 40 minutos del filme, y por momentos hay inexactitudes en cuanto al tiempo en el que se desarrollan las historias en la tierra y del otro lado del universo, pero no demeritan lo logrado por el británico.

Otro factor importantísimo en el mood del filme es el score de Hans Zimmer, quien nuevamente se luce trabajando para Nolan, pues ha sido con éste con el que ha logrado sus mejores composiciones en los últimos años (The Dark Knight Rises y hasta la fallida Man of Steel, de la cual Nolan es productor ejecutivo). Por momentos recuerda la grandiosidad operística utilizada por Kubrick en 2001 o la emotividad de John Williams en Encuentros Cercanos. Zimmer logra un score brillante, que se convierte en un personaje más en pantalla y que va llevando de la mano al espectador a través de las emociones.

Interestelar no es el mejor filme de Nolan (en lo personal creo que ese lugar lo sigue teniendo Inception), y tampoco es una película fácil. Pero ahí radica su grandeza. En provocar ideas, emociones, ideas y teorías científicas, en recapacitar acerca del significado de lo que es ser humano, de la trascendencia del amor, de la familia, de la Tierra. Pocas veces se puede tener un banquete de tantas ideas juntas en una película de este tipo, y Nolan lo logra con soltura y un gran oficio fílmico. Provocativa, humana, reflexiva y emocionante, es una muestra de que el buen cine no está peleado con la inteligencia, y que para poder trascender como especie debemos mirar nuevamente hacia arriba en busca de esperanza. Verla es una obligación.

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