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Érase una vez, en México vivía una jovencita que tenía un sueño: superar la pena que la embargaba por ser una chica alta, rara, que utilizaba lentes, que sufría de bullying en la escuela y que odiaba ser una persona en casa y otra fuera de ella. Pero también era una chica que amaba cantar y tenía en su corazón la convicción de que algún día, cual buen cuento de hadas, su vida cambiaría para siempre. Y lo logró.

Hace ocho años, esa joven tomó la decisión de dedicarse al teatro cuando recibió una llamada que le cambió la vida: había sido seleccionada para formar parte de la puesta en escena en México de Los Productores. Cinco años más tarde, formó parte del elenco de La Academia, el reality show de TV Azteca en el que no tenía ninguna necesidad de estar, puesto que su talento era superior al de los demás concursantes. Y no, no ganó.

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En Wicked da vida a la bruja buena de la historia, Glinda.

Ahora, esa chica de buen corazón, que no creía en sí misma, se ha convertido en una estrella. Y no una estrella cualquiera, sino en una mujer que ha aprendido que no existen los límites para lograr los sueños y que, además, da vida en escena a uno de los personajes más icónicos no sólo de Wicked, sino de toda la historia de El Mago de Oz: Glinda, la bruja buena.

Cumpliendo un año en cartelera, y en plena temporada de despedida de nuestro país, Wicked se ha convertido no sólo en una de las obras más exitosas del teatro en México, sino que ha sido motivo de inspiración para miles de niños y jóvenes que encuentran en su historia una enseñanza de vida.

Y la culpable de gran parte de esa inspiración se llama Cecilia de la Cueva, con quien platicamos en exclusiva acerca no sólo de la obra, sino de sus sueños, sus motivaciones y la experiencia que le ha dejado ser la bruja buena de la historia.

Su charla es irresistiblemente agradable, sin poses y con una sinceridad a toda prueba cuando revela lo que ha significado Wicked para ella.

“No sé si a todos, pero al menos a mí me ha dejado un crecimiento personal tremendo, gigantesco, que yo no creí que existiera, que ni siquiera pensé. Me deja muy claro que las metas y los límites te los pones tú, y me deja una amistad muy bonita”, expresó de manera muy formal, aunque amable.

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La burbuja tuvo que ser adaptada a su altura, pues es la Glinda más alta del mundo.

UNA HISTORIA DE SACRIFICIOS
Para nadie es un secreto que participar en una obra del calibre de Wicked requiere un gran sacrificio por parte de su elenco y hay que pagar un precio, mismo que De la Cueva estuvo dispuesta a pagar desde el principio, pues la recompensa obtenida ha sido mayor de lo que pudo haber imaginado jamás.

“Antes era mucho más insegura. A veces es difícil confiar en uno mismo y siento que un año después… no es que me sienta confiada, más bien me siento segura de mí misma, me tengo mucho más respeto a mí misma y a mi trabajo, porque te das cuenta de que cumplir un sueño que tienes te requiere de todas las fuerzas, toda la energía y todo tu amor y corazón para llevarlo a cabo. Ha valido la pena dejar muchas cosas por Wicked, pues te tienes que olvidar de fiestas de cumpleaños, de compromisos familiares. Vendes tu vida por completo”, asegura con un dejo de orgullo en su voz y comparando a la obra con un bebé al que ha visto crecer.

“Desprenderse de la obra será una de las cosas más difíciles de mi vida, pero ha valido ciento por ciento la pena. Siento que es como tener un bebé, al que cuidas, apapachas, le enseñas a comer, a andar, y que si se enferma hay que cuidarlo, o que cuando te llora toda la noche tienes que estar ahí con él.

“Pero cuando empiezas a ver que el bebé crece y vive por sí solo, sabes que se tiene que ir. Siento que va a ser como desprenderse de un bebé, pero no me arrepiento ni un solo segundo de haberme comprometido con mi trabajo como me he comprometido hasta ahorita. Wicked es uno de los regalos más bellos que la vida ha puesto en mi camino, uno de los momentos más bellos que me ha tocado vivir”.

SUPERANDO LA TIMIDEZ Y EL BULLYING
Aunque no lo parezca, pues arriba del escenario es todo desparpajo y alegría, Cecilia fue en su niñez y adolescencia una niña rara, penosa, un tanto nerd, pero que descubrió en el teatro un escape a la vida de bullying que sufrió por esas razones.

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Dedicarse al teatro le cambió la vida, pues la hizo una mejor persona en todos sentidos.

“Te voy a platicar algo. Durante toda mi vida sufrí de bullying, era muy como Elphaba, debido a que era muy alta, tenía lentes, era rara, me gustaba cantar, estaba en todas las actividades… pero era muy penosa. Tenía toda la pena del mundo, no tienes idea de cómo era. Y comienzo a hacer teatro porque no me gustaba ser así, no quería ser una en mi casa y otra diferente en la escuela. Odiaba ser así”, recuerda con un dejo de nostalgia por un pasado difícil que ha quedado atrás.

“Entonces me empiezo a dar cuenta de que hay un mundo muy diferente con la danza y el ballet, pues yo quería ser bailarina, aunque me decían que jamás lo iba a lograr, porque era muy alta y así, pero no quité el dedo del renglón.

“En la prepa descubro que hay un taller de teatro, y en una semana quedé perdidamente enamorada de él porque me di cuenta de que había un grupo de personas que estaban igual de locas que yo, que les gustaba lo mismo y que te aplaudían lo que hacías: cantar, desinhibirte, todo lo que yo había querido”.

A diferencia de la mayoría de las chicas que se inician en el mundo artístico a una edad temprana, la historia de Cecilia hasta en eso es diferente: “Comencé en esto muy tarde, pues tenía 18 años. En Estados Unidos y otros lugares descubren esto desde chiquitos, entonces siento que de alguna manera tuve una desventaja porque me hubiera gustado entrar en esto desde pequeña, pero a final de cuentas no me importó”.

UNA DECISIÓN DE VIDA…
Convencida de que la vida tenía deparada para ella algo mejor, De la Cueva recuerda con cariño y orgullo el momento en que su vida cambió por completo, en un momento en que ella había elegido irse por el lado de la medicina, lo cual habría privado al público de disfrutar su enorme talento.

“Cuando termino la prepa y decido que voy a estudiar para ser ginecobstetra, la vida me puso de repente haciendo una audición para OCESA y la obra Los Productores. No hago el cuento largo, pero en un día pasé el examen en Bellas Artes para estudiar escenografía y vestuario, también pasé mi examen de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde iba a estudiar diseño y comunicación visual, y ese mismo día me llaman para avisarme que había quedado en el elenco de Los Productores. Entonces en un día decidí mi vida. Y pensé que aunque fuera sólo una obra en mi vida, pero iba a hacer Los Productores. Afortunadamente fui conectando obra tras obra y dándome cuenta de que no hay límites”, señala.

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Junto a Danna Paola hace más de un año, durante uno de los ensayos previos al estreno.

… QUE INSPIRA OTRAS VIDAS
El fenómeno en que se ha convertido Wicked ha trascendido más allá de las butacas o el escenario. A través de redes sociales, miles de personas han expresado no sólo la admiración y el asombro que les ha dejado la obra, sino que también han compartido el cómo la puesta en escena, su historia y lo que proyectan los actores en el escenario, ha cambiado sus vidas.

Más allá de la responsabilidad que esto pueda significar, la actriz tiene bien claro que la influencia que pueda tener en otras personas puede ayudar en algo, aunque sea una mínima parte, a cambiar el mundo.

“Yo me daba muy poquito crédito, creía muy poquito en mí, pero en el camino me fui dando cuenta de dos cosas: una, que trabajo por egoísta, porque soy tremendamente feliz en un escenario y en los ensayos; y otra, que estoy en el teatro porque en alguna ocasión, como público cuando en la prepa me mandaron a ver una obra, me pregunté: ‘¿Qué es este mundo tan hermoso?’”, rememora.

“Y recuerdo que se me olvidó todo, todo lo que tenía que hacer. Salí del teatro con tantos planes y tantas cosas en la cabeza, que eso es lo que yo quiero generar en la gente. Quiero que si llegan al teatro se inspiren, salgan diferentes, se rían, y si estás un poco más involucrado, que salgas con algo diferente qué hacer, algo diferente qué desear, un plan nuevo en la mente.

“Creo que la riqueza de un país está en la cultura, en las artes, pues es la manera más fácil de aprender. El teatro siempre va a ser un reflejo de lo que la gente ha aprendido en todos sentidos: emocional, política, culturalmente. Por eso amo hacer teatro, porque cada obra te deja una enseñanza nueva, un mensaje para mejorar el mundo y a las personas, y creo que es una manera, aunque sea muy chiquitita, de ir cambiando al mundo. Si cambias a los jóvenes, vas a poder ir cambiando el futuro de tu país”.

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La convocatoria para buscar al elenco de Wicked le cambió la vida por completo.

EL SUEÑO SE CONVIERTE EN REALIDAD
Cecilia era una chica de prepa cuando descubrió el mundo de Wicked no a través de la visión, sino del oído, gracias a un amigo que le presentó el soundtrack de la obra de Broadway y cuyas notas se adentraron en su mente y corazón para convertirse en parte de su vida y su ADN.

“Conocí la obra en un taller de escenografía, al que llegó mi mejor amigo y me dijo: ‘Mira lo que acaba de salir en Broadway, se llama Wicked’. Nuestro taller duraba unas ocho horas diarias, y ese día escuché el disco todo ese tiempo, sin parar. Me lo llevé a casa, lo quemé, no dejaba de cantar ‘Popular’… para mí fue algo que no te puedo explicar, pero que sucede cuando algo te gusta y se queda impregnado en tu corazón. Quemé mi disco, aprendí a manejar y ese disco no salió de mi coche hasta que lo vendí como cuatro años después”, recuerda emocionada.

“Para mí, Wicked siempre ha sido una inspiración. Recuerdo que hice Los Productores, luego El Diluvio que Viene, Dulce Caridad y Mamma mia, y en esta última me acuerdo perfecto que el día del estreno llegué y le dije a Morris (Gilbert, productor): ‘Oye, ¿cuándo vas a traer Wicked?’, y me dijo que nunca iba a venir, que me relajara y me enfocara en Mamma mia, que disfrutara mi estreno y que dejara de pensar en cosas que no iban a pasar”.

Sin embargo, su experiencia en esas obras poco a poco le dejaron no sólo un nombre en el mundo teatral, sino la experiencia necesaria para poder hacer frente al mayor reto de su vida y su carrera, del cual se enteró en marzo de 2013:

“A fin de mantener la calidad y el prestigio que ha construido desde su creación en 1977, la División Teatro de OCESA convoca a audiciones para conformar el elenco de su próximo musical: WICKED. La convocatoria está abierta a cantantes/actores con facilidad de movimiento y bailarines que cantes, de acuerdo a las siguientes bases:

  • Glinda: 20 a 30 años, soprano (Do 7) y con amplio rango en voz de pecho. Habilidad para la comedia, encantadora, simpática y de tez clara.
  • Elphaba: 20 a 30 años, amplio rango y potente voz de pecho (Fa 6. Una mujer apasionada, sensible, hábil en la brujería. Actriz inteligente con una electrizante voz)

Presentarse el lunes 15 de abril de 11 am a 2 pm, y de 4 a 7 pm en el Centro Cultural Telmex, Teatro 1”.

Así se leía en el comunicado de OCESA que anunciaba las audiciones para Wicked. Su reacción no podía ser otra que una mezcla de emoción y sorpresa, mezclada con algo de terror:

“Cuando veo la convocatoria, lo primero que pensé fue: ‘Hackearon la página de OCESA’, pero en la misma había fechas, datos, así que no lo podía creer. Lo primero que sentí fue terror, porque pensé que si no me quedaba iba a vivir deprimida el resto de mi vida. Además, yo iba por el personaje de Elphaba, porque no creí que podía cantar el de Glinda.

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El gran número en el que luce Cecilia es con el tema ‘Popular’, clave en la historia de la amistad entre Glinda y Elphaba.

“Y esto es porque cuando pones el soundtrack y escuchas a Glinda, piensas que es una chava súper operística, pero cuando me enfrento al primer ensayo me dice el director: ‘Te escogimos porque no eres una cantante de ópera. Te elegimos porque queríamos una voz pop, con buenos graves y unos agudos muy ligeros. No intentes ser algo que no eres, porque por algo te escogimos’.

“Y mi alma descansó, porque es hermoso saber que tú eres lo que buscan, porque no era nada más porque me pasé un mes en casa investigando al personaje, tratando de hacerlo mío, tomando clases de canto o cambiando mi técnica vocal.

“Tú puedes tener todo eso y llevarlo contigo a la audición, y ahí puede que te digan que no eres lo que buscan. Y yo la tuve más difícil, pues soy la Glinda más alta del mundo y no cabía en la burbuja (risas). Eso era un gran ‘pero’, porque ¿cómo iban a contratar a alguien que no cabe?”, señala entre risas y en alusión a que la leyenda de Broadway, Kristin Chenoweth, fue quien interpretó originalmente a Glinda con su 1.50 metros de estatura, comparados con el casi 1.80 de Cecilia.

UNA GLINDA QUE SALIÓ DEL CORAZÓN
La culpa de que el personaje de Glinda en la versión mexicana de Wicked ha sido tan atractivo y entrañable para el público recae en Cecilia, pues le ha dado un toque y una personalidad diferentes a las que tiene en la puesta de Broadway. Y la apuesta valió la pena.

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De la Cueva le dio a su versión de Glinda la alegría y desparpajo que han convertido al personaje en entrañable.

“Mi Glinda, que es mucho más fresa, es una elección completamente mía, incluso diferente a las que interpretan Majo o Chris, quienes la hacen completamente diferente a la mía. Y digo que Glinda es elección mía porque en Broadway es como una güera cheerleader a la que le encantan los zapatos y así.

“Aquí en México sería el equivalente a la niña fresa. Recuerdo que las veces que vi Wicked allá, Glinda tenía menos energía, era más tranquila, no era tan desparpajada ni tan torpe, y durante los ensayos como que iba probando sacar un poco de mi locura, de mi torpeza, de mi excesiva energía y a la directora le pareció estupendo, tanto que me dijo que jamás podía bajarle a esa energía, misma que no tenían en Estados Unidos.

“Y es que los latinos somos mucho más pasionales, tenemos la sangre más caliente. Mi Glinda es mucho más torpe, y fue una decisión propia porque yo Ceci soy mucho más torpe, y creo que eso le da humanidad al personaje. No por ser fresa es perfecta, sino por el contrario. Mi Glinda es así, torpe, completamente desinhibida y una mujer muy inteligente, súper fuerte.

“Conforme iba construyendo a Glinda, y ahora que la tengo tan comprendida, te juro que es una inspiración para mí. Me hace ser fuerte, ser una Ceci feliz, una persona agradecida. Sé que Wicked va a terminar, así que trato de aprender todo lo que puedo, y en cada función Glinda me enseña algo. Es un aprendizaje bellísimo, porque no encuentro una mejor manera de aprender que con ella, con un vestido lleno de lentejuelas, una corona y una varita. Es algo bellísimo”, reveló con gran orgullo.

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Cecilia luce en el escenario con gran energía, aunque el esfuerzo de hacerlo durante tantos meses le pasó la factura a su salud.

EL CUERPO LE PASA LA FACTURA
Ensayar para Wicked durante 11 horas diarias, seis días a la semana, durante meses, cobraron una cuota en la salud de Cecilia, momento que ve como lo más complicado a lo que se ha tenido que enfrentar en este año que lleva en la obra.

“Creo que lo más difícil fue cuando me he enfermado. En agosto y septiembre del año pasado estuvimos ensayando 11 horas al día, seis días a la semana. Así comenzamos Wicked, pero para mí fue mucho más pesado porque nunca había ensayado un titular de este calibre.

“Llegamos cansadísimos al estreno, pero lo que te lleva es el amor. Durante toda la temporada me di cuenta de que hubo momentos en que no colocaba la voz, sino gritaba, y al día siguiente amanecía ronca. Eso pasa cuando te dejas llevar.

“Había movimientos en el tema ‘Popular’ en los que me dejaba llevar y acababa con un tirón o una torcedura… Y así me la llevé hasta marzo, cuando cumplimos seis meses, que me da una alergia tremenda y una faringoamigdalitis, me dio gastritis… era un malestar andando, pero lo que uno quiere hacer en su profesión es estar allí. Es cuando te das cuenta de que tu peor temor se vuelve realidad, cuando te das cuenta de que no eres una máquina, sino un humano”, recuerda como si hubiera ocurrido ayer, al tiempo que acepta que tuvo que ceder su lugar para cumplir con la máxima de que el show debe continuar.

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Con Ana Cecilia Anzaldúa y Danna Paola, cuando fueron a ver Wicked en Broadway.

“Entonces piensas en la gente que ha pagado un boleto para ver el show, en que no les puedes dar un mal espectáculo sólo porque tú, niña berrinchuda, quieres dar función así. En ese momento tienes que dar un paso atrás y hacerle caso al cuerpo, que te dice que tenía que bajarle un poco al ritmo. Yo llevaba ocho meses sin parar, exigiéndole a mi cuerpo perfección absoluta, así que tuve que descansar y a partir de ahí llevarla poco a poco.

“Eso ha sido lo más difícil de todo, reconocer que estaba enferma y dejar que Majito, que es una bellísima actriz y profesional, se hiciera cargo del papel. Yo sigo feliz de la vida dando funciones, porque te juro que desde el momento en que comenzó Wicked también tenía muy en claro que esto también se termina. Por eso desde ese primer momento que estuve en el salón de ensayos he disfrutado cada minuto como si fuera el último”.

UN PARTEAGUAS EN SU CARRERA
Aunque toda comparación es injusta porque se trata de momentos, historias y situaciones diferentes, era inevitable preguntarle a De la Cueva lo que significa Wicked para ella y en relación con los anteriores trabajos que ha realizado en teatro. La respuesta es más que obvia:

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Sin duda, Wicked y Glinda le han cambiado la vida para siempre a la joven actriz.

“Si tengo que comparar, Wicked es la obra que más me ha dejado en el corazón, es la más difícil en la que he estado y en la que me han dejado esa gran tarea. Wicked es la obra que más amo en toda la historia de mi carrera hasta ahorita. Para mí definitivamente es un parteaguas porque durante 10 años siempre fue un sueño que había cultivado todos los días. Vaya, me metía a bañar y cantaba Wicked, por eso ahora el poder hacerlo y serlo es muy hermoso.

“Todas las noches acabo muy agradecida porque te juro que dejo el 200% de mi vida, de mi mente, de mi cuerpo y de mi alma en ese escenario. Y lo mismo sucede con Danna, aunque su historia es distinta. Ahí es donde ambas hacemos click, pues amamos tanto lo que hacemos y nos respetamos y admiramos tanto la una a la otra que logramos crear esa magia, que a su vez ha creado una amistad muy auténtica e incomparable”, añadió.

“Mi corazón egocéntrico está feliz de la vida porque yo creí que no iba a poder con este sueño, porque para mí es un reto, en toda la extensión de la palabra. Vocalmente yo creí que no era posible lograrlo, y me doy cuenta que cuando en verdad quieres algo y empeñas tu alma y tu corazón en creer que tú puedes, y en dejar toda tu disciplina en un salón de ensayos y en un escenario, entonces sí es posible. Los límites son nulos, nos los ponemos nosotros los humanos o nos los enseñan en el transcurso de nuestras vidas, pero no existen”, afirma categórica.

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Uno de los grandes regalos que se lleva de la obra es la gran amistad que forjó con Danna Paola.

Finalmente, con el final de la obra programado para finales de diciembre o principios de enero de 2015, Cecilia de la Cueva sabe que no es la misma, que ha dejado vida y alma en el escenario y que ahora es una mujer diferente, más fuerte y llena de esperanza, y con una amistad que jamás pensó llegar a tener.

“Termino Wicked con muchas esperanzas de lograr cualquier cosa que me propongan o que me venga a la mente. Ahora, más que nunca, sé que debe haber sacrificios, pero amo tanto lo que hago que no me importa nada.

“Y me llevo una amistad bellísima, pues no tenía el placer de conocer a Danna, quien es un bello regalo de la vida que me deja como recordatorio de esta bellísima época que tuve en mi vida.¿Qué va a pasar ahora que termine Wicked? No sé, se me parte el corazón. Seguramente voy a estar muy mal por un buen rato, y pues Danna ya me dijo que nos vayamos a la playa a llorar juntas (risas)”.

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