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Título original: No Se Aceptan Devoluciones
País: México, 2013
Director: Eugenio Derbez
Elenco: Eugenio Derbez, Jessica Lindsey, Loreto Peralta, Daniel Raymont, Alessandra Rosaldo, Hugo Stiglitz, Agustín Bernal
Guión: Guillermo Ríos, Leticia López Margalli, Eugenio Derbez
Fotografía: Martín Boege, Andrés León Becker
Música: Carlo Siliotto

Eugenio Derbez se apunta un éxito con su ópera prima como cineasta, la cual estuvo trabajando durante años hasta que por fin fue lanzada a la cartelera nacional e internacional. Con No Se Aceptan Devoluciones, el famoso actor mexicano, internacionalmente reconocido en el mundo de habla hispana por su trabajo como cómico en Televisa, logra lo que pocos cineasta nacionales: gustar al público, a una buena parte de la crítica y tener éxito en taquilla. Y bien merecido.

Precedida de un gran éxito en Estados Unidos para una película mexicana, el filme de Derbez se estrenó en nuestro país con toda la intención de triunfar en taquilla y de presentar una historia que por igual trata de balancear el drama con la comedia, echándose a la bolsa al público desde incluso antes de verla.

Derbez sabe que es una persona querida en México y en los países hispanos, y se aprovecha de ello para arrastrar al público a las salas de cine. Ya sea por morbo, por fanatismo o por simplemente ver algo diferente, su filme tiene ese imán que atrae a las multitudes. Prueba de ello es el estupendo recibimiento que está teniendo la película. Lo mejor de todo es que Derbez no decepciona y, por el contrario, logra una sólida pieza de entretenimiento familiar como no se veía desde hacía mucho tiempo, pues es un filme blanco, que no incluye groserías y que es ideal para ir a ver con toda la familia.

La trama del filme en realidad no es novedosa: en su juventud, un gigoló de Acapulco, Valentín (Derbez), se enreda con cuanta mujer se le atraviesa, comportándose como un adolescente que no quiere ninguna clase de compromiso. Meses después, una de esas mujeres, Julie (Jessica Lindsey), llega a su puerta para presentarle a su pequeña hija, Maggie, a la cual prácticamente abandona y deja en manos del irresponsable hombre que no tiene la menor idea de qué hacer con ella.

Las cosas se complican cuando Valentín se va de mojado a Estados Unidos para darle una mejor vida a Maggie, con quien pasa varios años en Los Ángeles. Cuando ésta cumple siete años (interpretada en esta edad por la extraordinariamente talentosa pequeña Loreto Peralta), Valentín recibe una noticia que lo hace cambiar la perspectiva de su vida, todo al tiempo que la madre de la niña regresa a buscarla, convertida ahora en una exitosa abogada neoyorquina que pretende recuperar los años perdidos.

El inicio del filme es un tanto flojo, aunque trata de amarrar al espectador con el humor que caracteriza a Derbez. Pero de alguna manera esto es hecho a propósito, pues refleja la inmadurez inicial del personaje principal. Derbez evita, de manera inteligente, repetir a alguno de sus personajes televisivos, aunque tiene algunos guiños a varios de ellos.

Pero la cinta agarra un muy buen ritmo y mucho mejor trama cuando se ubica en la época actual, con padre e hija viviendo en Estados Unidos. El principio es flojo porque corría el riesgo de caer en los típicos sketches que Derbez utiliza en la TV, pero corrige el rumbo de manera adecuada y, como mencioné, de manera intencional.

La realidad es que la película está llena de todos los clichés y lugares comunes del melodrama, pero ahí Derbez demuestra que algo ha aprendido y, aunque se vale de ellos, los utiliza de manera adecuada para ir construyendo la historia. En otras palabras, es una cinta que sigue bien la fórmula, a diferencia de otras producciones nacionales que se quedan a medio camino en ese sentido. Sí, usa clichés, y trata de generar ciertas emociones. Y lo logra. Eso es un buen trabajo.

Secuencias como la de padre e hija jugando en casa con el soundtrack de fondo de Come Fly With Me, de Frank Sinatra, es uno de los puntos memorables del filme, pues además de estar bien ejecutada, demuestra que Eugenio sabe cómo mover las fibras sentimentales de la audiencia, todo con la intención de crear empatía entre público y personajes.

Además del carisma de Derbez, el cual es innegable, la cinta vale la pena por el trabajo de su elenco, particularmente de los protagonistas. Derbez, por su  parte, se muestra muy natural y contenido, sin caer en los excesos de sus personajes televisivos. Su Valentín es un hombre honesto, trabajador y con el cual es fácil que el público se identifique, pues representa el ‘sueño americano’ de miles de hombres que quieren irse -o se van- a Estados Unidos, aunque sea de manera ilegal, para tratar de darle una mejor calidad de vida a los suyos.

Por otro lado, Jessica Lindsey es una agradable sorpresa como la mamá, la cual Derbez tuvo el acierto de no convertir en una villana de caricatura, sino en una mujer que cometió un error y lo quiere enmendar. Es difícil por momentos no ponerse en su papel y dejar de sentir cierta empatía con ella. Pero quien se lleva el filme es la pequeña Loreto Peralta, quien además de ser perfectamente bilingüe (gran parte de la cinta es hablada en inglés, con subtítulos en español), es agradable, talentosa y se roba las escenas en las que participa, dándose un ‘quien vive’ con el propio Derbez.

Sí, la película tiene clichés y es manipuladora, especialmente en su segunda mitad, en la que el humor es menor que en la primera y se convierte más en un melodrama. A ello hay que agregarle que la música de Carlo Siliotto tiene toda la intención de provocar una reacción emocional, por lo que muchos la podrán tachar de sentimentaloide, pero… ¿no acusaban de eso a Spielberg en sus primeros filmes? Ojo, no estoy comparando a Derbez con Spielberg, sólo estoy haciendo hincapié en el uso que le da Eugenio a su película. Se ve que tiene bien estudiadas muchísimas películas, a las que hace sutiles referencias. La mayoría de las películas estadounidenses que utilizan las mismas fórmulas suelen tener éxito. Eugenio toma esos elementos, los aplica de manera adecuada, y logra su objetivo.

En términos generales, No Se Aceptan Devoluciones es una muy agradable sorpresa en el cine mexicano, que necesita más películas de éstas, que lleven a la familia al cine (un poco como lo que ocurrió con Nosotros Los Nobles o algunas de las viejas películas de la Época de Oro), que hagan reír, llorar y pensar. Siempre he estado en contra de las películas mexicanas pretenciosas, y ésta no lo es, pues ofrece exactamente lo que promete desde su corto promocional.  Tiene sus fallas, pero aún así se disfruta bastante. Divertida, emotiva, tierna y profundamente conmovedora, es una cinta que merece el éxito que está teniendo tanto por regresar a las familias a las salas de cine para ver películas mexicanas de calidad, como por hacernos un sentido y honesto recordatorio de que la vida hay que vivirla y disfrutarla a cada segundo.

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