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* * 1/2
Título original: Man of Steel
País: Estados Unidos, 2013
Director: Zack Snyder
Elenco: Henry Cavill Amy Adams, Michael Shannon, Kevin Costner, Diane Lane, Russell Crowe
Guión: David S. Foyer
Música: Hans Zimmer

Para varias generaciones, el superhéroe más grande de todos los tiempos se llama Superman, y con justa razón, pues fue el primero que tuvo su cómic y se convirtió, poco a poco, en un símbolo de los ideales que Estados Unidos se jactaba de tener allá a finales de la década de los años 30 del siglo pasado. Extraterrestre de origen, Kal-El (su nombre real) era el arquetipo perfecto de la moralidad: no mataba, siempre se preocupaba por los demás, no bebía, no fumaba, no tenía vicios, era moralmente intachable y tenia toda una serie de cualidades más que lo convirtieron, para muchos, en un personaje ñoño y poco realista, a pesar de que era prácticamente indestructible.

Su representación en la pantalla grande ha pasado por varios actores y películas de dudosa calidad, aunque el más famoso de todos los que se han puesto el traje del superhéroe ha sido, sin duda, Christopher Reeve, quien le dio vida en 1978 en la que hasta la fecha es la mejor adaptación del cómic a la pantalla grande. Reeve se quedó para siempre con la imagen del famoso personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster, a pesar de que de las cuatro películas que realizó, sólo las primeras dos fueron buenas, pues la tercera y cuarta terminaron por caricaturizar al superhéroe más poderoso del mundo.

Tan malo fue el impacto de estas dos últimas películas que pasaron muchísimos años para que Superman volviera a aparecer en la pantalla grande. En 2006, Bryan Singer realizó Superman Regresa, con Brandon Routh como Clark Kent/Superman, y aunque es una buena película, en realidad nunca pegó con el público. Se le criticó mucho el trasfondo religioso que tenía, al pesar a Superman prácticamente como Jesucristo, pero en la más reciente película del personaje se vuelve a insistir en el tema.

Esto propició que el Hijo de Kriptón se quedará en el olvido fílmico por otros cuantos años, en los que el género de superhéroes en el cine dio un giro con cintas como Batman Inicia, El Caballero de la Noche, X-Men, Iron Man, Spider-Man y varios otros que comenzaron a ser mostrados no como superhéroes invencibles, sino como personas falibles, con problemas humanos como los de cualquiera y con demonios internos con los que tenían que luchar.

Ante el éxito que este tipo de historias estaban generando, ¿cómo traer a la pantalla de nuevo al viejo superhéroe? La respuesta parecía estar en El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013), proyecto dirigido por Zack Snyder (quien ya había demostrado su poder taquillero con películas como 300 o Watchmen) y con los nombres de Christopher Nolan y David S. Goyer detrás, quienes habían puesto el nuevo estándar en las películas de superhéroes gracias al trabajo que habían hecho con la saga de Batman. Ante esto, el éxito de El Hombre de Acero parecía estar garantizado, pues además no iba a ser una secuela, sino un famoso ‘reboot’ o reinvención de la historia, con un nuevo actor en el personaje principal y con una historia que mostraría al héroe más en el estilo de lo mostrado con Batman o El Hombre Araña.

La película inicia con los últimos días de lo que fue el planeta natal de Superman, Kriptón, y podemos ver al padre del mismo, Jor-El (un sólido y creíble Russell Crowe) tratando de alertar a los gobernantes de su mundo que éste está a punto de desapacer. Pero a diferencia de la historia normal, aquí es confrontado por el General Zod, un rudo militar que era su amigo y quien termina convirtiéndose en su peor enemigo, pues Zod tiene en mente el purificar a su raza y volverla a ver florecer en otro planeta.

El resto de la historia es similar a lo que conocemos: el pequeño Kal-El es enviado a la Tierra por su padre, y es adoptado y criado por los Kent, Martha y Jonathan (Diane Lane y un estupendo y patriarcal Kevin Costner). Pero a diferencia de la historia original, Clark Kent (Henry Cavill) es mostrado como un inadaptado, como un niño-adolescente-joven que sufrió de diversas clases de bullying gracias a que era un fenómeno y a que no podía utilizar sus poderes para desquitarse. Esto creo en Clark, por un lado, un sentimiento de impotencia y, por el otro, un rencor que fue guardando con los años.

El filme salta en el tiempo para presentarnos a un Clark adulto que tiene que revelarse ante el mundo -a la edad de 33 años, por sí fuera poco, una de varias referencias a la religión cristiana que tiene el filme- para salvar a la humanidad, que es amenazada con ser extinguida gracias a Zod, que planea invadir la Tierra a menos que le entreguen al Último Hijo de Kriptón. Sin muchas opciones, Superman tiene que hacerle frente a Zod, aunque la vida de miles esté en peligro.

El Hombre de Acero se puede dividir perfectamente en dos partes: la primera que es extraordinaria, con un punto de vista diferente del héroe, de sus motivaciones, de sus miedos y angustias (sobresale la secuencia en la que el pequeño Clark se asusta al no poder controlar sus poderes y es calmado solamente por la presencia de su madre), y mostrando, de alguna manera u otra, su lado oscuro, incomprendido.

Es un inmigrante de otro planeta que simple y sencillamente no se encuentra en su nuevo hogar, y sólo tiene como ancla emocional las enseñanzas morales de su padre. Aquí cabe destacar que muchas de las mejores escenas le pertenecen a Costner, quien le imprime a su personaje el espíritu de idealismo y de guía que necesita el héroe, en lo que es su mejor actuación en muchos años. El tono del filme y el ritmo en esta primera parte muestran todo el estilo que Nolan le imprimió a El Caballero de la Noche, logrando crear un personaje creíble y empatico con el espectador, y respetando el origen del mismo.

El problema con la película comienza en la segunda parte, que es la que muestra la batalla entre Zod y Superman. Después de un inicio sólido, fuerte y entrañable, Snyder parece haberse vuelto loco, dedicándose a mostrar la mayor cantidad de peleas, destrucción y explosiones posibles, pero sin justificación alguna. El tono y el ritmo del filme cambian, y para mal. Pareciera que Nolan dejó ‘ encarrerado’ a Snyder y este quizá utilizar hasta el último gadget de efectos visuales para mostrar una batalla épica que, tristemente, se convierte en todo menos en eso.

Aquí ya no hay un Superman con problemas y dudas internas, sino una máquina de pelear a la que no le importa el ‘daño colateral’ que pueda dejar su lucha contra Zod. Cuando ambos pelean, la destrucción de edificios, coches, casas y demás construcciones es simplemente salvaje (¿por qué no sacó Superman a Zod de una zona poblada y se lo llevó a pelear a un lugar deshabitado?), pero en ningún momento se ve el espíritu que le pertenece a Superman de querer salvar otras vidas. Aquí todo es golpes a lo bestia y sin justificar.

Si a lo anterior le agregamos que las batallas ni siquiera pueden ser apreciadas, sino que se convierten en una versión grotesca de lo mostrado en cintas como Transformers, y que además la lucha entre los dos rivales es extremadamente larga en su duración, el resultado es el equivalente a estar jugando cualquier videojuego que se precie de serlo. Mucho estilo, y muy poca sustancia. Vaya, ni siquiera el característico estilo visual de Snyder que hace lucir a sus personajes se encuentra presente. Es Zack Snyder convertido en una versión mala de Michael Bay, lo cual ya es decir bastante.

En la parte actoral, Cavill hace un buen trabajo y hace suyo al personaje. No es el boy scout que muchos dicen que fue Christopher Reeve, sino un tipo que expresa bien el pesar interno que trae su personaje. Michael Shannon, en el papel de Zod, hace lo que puede con un guión que perdió el rumbo en su segunda mitad, al igual que una desaprovechadísima Amy Adams, quien le da un elegante y creíble a Luisa Lane, personaje que en el filme tiene un inicio interesantísimo pero que es abandonado a su suerte para terminar siendo la típica chica en peligro. La química entre ella y Cavill es buena, pero Snyder estaba más preocupado por hacer explotar cualquier cosa que apareciera en pantalla que en terminar de redondear a sus personajes.

Otro elemento que no se puede dejar fuera es la banda sonora, que en esta ocasión es creada por un Hans Zimmer que lleva varios años autofusilandose. Con elementos corales que intentan darle un sentido oscuro y místico a la historia, y el uso de percusiones a diestra y siniestra, el trabajo de Zimmer no es malo, pero tampoco es de sus mejores obras. Por momentos pareciera una copia al carbón de lo que hizo para El Caballero de la Noche Asciende, aunque en términos generales se disfruta.

Es una buena banda sonora, pero con un grave problema: no es para un héroe como Superman. Si bien el legendario tema que compuso John Williams para la cinta original de Richard Donner en 1978 ha quedado como uno de los mejores jamás compuestos para superhéroe alguno, a Zimmer le faltó un equivalente, algo que suene heroico y digno del famoso superhéroe.

Y es que ese es el gran asunto con Superman. Es un héroe de luz, no de oscuridad como Batman o quizá Spider-Man. Por eso llevarlo a la pantalla grande con un lado oscuro no es sencillo. Snyder ( o mejor dicho, Nolan) lo logran de una manera soberbia en la primera parte de la película, pero la apología a la destrucción que se muestra en la segunda termina por echar a perder lo ganado.

El Hombre de Acero es dos películas en una, con dos tonos muy diferentes y un marcados en cuanto a estructura, narrativa e intención, por eso termina siendo una película regular, y no un digno filme que regrese a Superman a la gloria que le pertenece.

Mucho más se puede discutir acerca del personaje y hasta de una decisión clave que toma hacia el final de la historia, pero cuando una película de este tipo necesita ser analizada y explicada, entonces el trabajo no estuvo bien hecho. Superman regresó a la pantalla grande, pero con mucho ruido y pocas nueces. El superhéroe más grande de mundo merece algo mejor y mucho más digno.

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