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Título original: Pacific Rim
País: Estados Unidos, 2013
Director: Guillermo del Toro
Elenco: Charlie Hunnam, Idris Elba, Ron Perlman, Charlie Day, Rob Kazinski, Max Martini
Guión: Travis Beacham, Guillermo del Toro
Fotografía: Guillermo Navarro
Música: Ramin Djawadi

Érase una vez un lugar llamado Hollywood, en el que los cineastas se preocupaban por sacar adelante proyectos que cautivaran al espectador, creando mundos mágicos, imposibles, llenos de criaturas fantásticas, aventuras, heroísmo y cosas nunca antes vistas que sólo podían existir en la oscuridad de una sala de cine: galaxias lejanas, legendarios caballeros son sables de luz, extraterrestres benévolos -y otros no tanto-, duendes, viajes en el futuro, dinosaurios, robots, monstruos enormes y un largo etcétera que podían vivir en el imaginario colectivo gracias a esas imágenes proyectadas a 24 cuadros por segundo que despertaron la imaginación de varias generaciones.

Pero eso fue antes de los tiempos oscuros, antes del Imperio en el que se ha convertido la Era de las Secuelas y sus hijos bastardos: los ‘reboots’ o reinvenciones, de los cuales muy pocos valen la pena. De años a la fecha, poquísimos han sido los cineastas preocupados por presentar algo novedoso en la pantalla grande, pues la apuesta segura para la gran mayoría ha sido el mostrar una y otra vez la misma historia, con diferentes caras, hechos y tiempos, pero a final de cuentas agarrándose de una fórmula que probó ser exitosa y que se ha clonado hasta el hartazgo.

El tapatío Guillermo del Toro pertenece a los primeros. Producto de la gran invasión de anime y series japonesas que se pudieron ver en la televisión mexicana desde finales de los años 60 hasta mediados quizá de los años 90, Del Toro siempre ha sido fiel admirador y seguidor del trabajo de pioneros y leyendas del cine como Ishiro Honda o Ray Harryhausen, lo cual, unido a la febril imaginación del niño de 48 años de edad que habita en él, lo ha convertido no sólo en un erudito del cine en general, sino en uno de los más respetados y propositivos cineastas a nivel mundial.

Profundamente enamorado de los monstruos y toda clase de criaturas fantásticas, Del Toro ha sido creador de mundos que salen de lo común. Desde su debut en Cronos (1993), en el que le dio un giro especial a las historias de vampiros al no hacer de estos seres las criaturas a temer, sino las frágiles, hasta la que es su obra maestra, El Laberinto del Fauno (2006), con la que le da a los cuentos de hadas una nueva visión mucho más realista y hasta sangrienta, a través de los ojos de una pequeña que escapa a los horrores de la época Franquista en España, Del Toro ha dejado muestra de que su más grande fortaleza es la imaginación y la creación de nuevos mundos, todos con una inconmensurable obsesión por el detalle.

Su nueva película, Titanes del Pacífico (Pacific Rim), pertenece a esa extraña enfermedad que cada vez se extingue más en Hollywood y el cine en general: la originalidad. No es una película que esté basada en un libro, un cómic, una serie de TV, personajes previamente creados o que sea una secuela de algo ya probado. Si bien presenta una clara influencia de un sinnúmero de elementos (anime japonés, cintas de acción, westerns y un larguísimo etcétera de referencias a otras cintas), es uno de los poquísimos proyectos que tienen los cojones de atreverse a darle algo nuevo al espectador.

La historia no tiene mayor rebuscamiento: en el año 2020, la humanidad ha sido amenazada por una raza de monstruos gigantes llamados Kaiju que viven en las profundidades del Océano Pacífico. Para combatirlos, varios países crearon la Pan Pacific Defense Corps, la cual creó robots gigantes llamados Jaegers, los cuales son ‘manejados’ por dos pilotos que son conectados neuronalmente a través de un proceso conocido como ‘the drift’, por medio del cual se convierten en una sola entidad que, además de luchar contra las grandes bestias, los hace compartir recuerdos y pensamientos.

Pero los Kaiju no están extintos; han evolucionado y, después de varios años de haber sido sometidos por los Jaegers, se han multiplicado y comenzado a ganar la batalla en contra de los humanos. Esto ha llevado a que la burocracia cancele el proyecto de los Jaegers y en su lugar opte por construir grandes muros en las principales ciudades del mundo, que en realidad de poco sirven para evitar la entrada de los Kaiju.

Ahí es donde entran los héroes de la historia: el Marshall Stacker Pentecost (Idris Elba), líder del proyecto Jaeger; el rebelde piloto Raleigh Becket (Charlie Hunnam), quien perdió a su hermano en un combate contra un Kaiju; y la menuda pero combativa Mako Mori (Rinko Kikuchi), asistente de Pentecost y quien tiene una cuenta pendiente con los monstruos. Juntos deberán intentar un último esfuerzo por extinguir a los Kaiju, antes de que sea demasiado tarde…

Con Titanes del Pacífico, Del Toro logra lo que es el claro ejemplo de lo que debe ser una película de acción para disfrutarse emocionado dentro de una sala de cine, con una buena bolsa de palomitas y un refresco al lado. Y además, lo hace yendo en contra de las ‘reglas’ hollywoodenses de cómo debe ser una cinta de este tipo: no presenta a un sólo país erigiéndose como salvador de la humanidad, no hace una apología de lo militar ni de un presidente ni de alguien en específico. Es más, ni siquiera tiene rangos dentro de los puestos de combate, los cuales son más cercanos al western clásico que a cualquier otro género (marshall, ranger, etc). Tampoco presenta a una chica bellísima y con un físico espectacular que alborota las hormonas de los caballeros y adolescentes, o a un héroe teto pero sin neuronas, ni batallas sin ton ni son que no se justifican en la historia. Aquí todo tiene un motivo.

El trabajo de Del Toro, además, incluye aquello de lo que carecen la mayoría de las películas de acción veraniegas: corazón. Si bien la trama es directa en su planteamiento (robots gigantes vs monstruos gigantes), en su ejecución tiene toda una gama de emociones que hacen que los héroes, a final de cuentas, no sean los robots, sino las personas que los manejan.

Titanes del Pacífico es Guillermo del Toro al máximo de su capacidad, sabiendo cómo contar una historia (el prólogo es sensacional, resumiendo la trama de una manera que sólo Peter Jackson puede lograr), que además tiene mucho de humanidad: la secuencia de la infancia de Mako, la conexión neuronal y emocional entre dos personas, el trauma de Raleigh con la muerte de su hermano, la resolución de Pentecost. Son seres humanos por los que el espectador se preocupa, a diferencia de cintas como Transformers que parecen haber sido hechas por una máquina.

A nivel actoral, destaca el trabajo realizado por prácticamente todo el elenco, aunque ninguno de ellos va a ser nominado a un Oscar. Ése no es el objetivo, es una película de acción. Idris Elba, conocido por su trabajo en la estupenda serie británica Luther, impone con su presencia de líder como Pentecost (además de tener una de las líneas más cool del verano fílmico: “¡Estamos cancelando el Apocalipsis!”); Hunnam tiene un toque a lo Steve McQueen que sirve perfecto para su personaje y Kikuchi sorprende tanto a nivel físico (su secuencia de pelea con Becket es genial) como emocional, dandole profundidad a un personaje que, no debemos olvidar, es más cercano al cómic que al drama. Quienes destacan por su química y sirven como el elemento cómico del filme son Charlie Day (Dr. Newton Geizler) y, por supuesto, Perlman (el traficante de órganos de Kaiju, Hannibal Chau), cuyo personaje quizá no era necesario pero le da un toque singular y lleno de humor al filme.

Finalmente, es necesario mencionar el trabajo de edición de Peter Amundson y John Gilroy, quienes le dan un buen ritmo al filme, así como a la extraordinaria fotografía de otro mexicano, Guillerno Navarro, quien demuestra el por qué ganó el Oscar por El Laberinto del Fauno. Redondeando la parte no visible del filme está el sensacional score compuesto por el alemán de origen iraní Ramin Djawadi, uno de los compositores jóvenes más interesantes de los últimos años y quien es responsable de las bandas sonoras de cintas como Iron Man y Furia de Titanes, y de series televisivas como Game of Thrones y Person of Interest. Djawadi logra darle el sentido de magnificencia a una cinta de esta envergadura, con momentos-homenaje al western, como en el tema ‘Canceling The Apocalypse’ y otros que aluden de inmediato a la acción de alto calibre, como el tema principal, ‘Pacific Rim’.

Olvídense de Transformers o cintas de ese tipo. Michael Bay, Roland Emmerich, Zack Snyder y varios más deberían disculparse con Hollywood y tomar clases de dirección con Del Toro para aprender como sorprender al espectador, como mostrar grandes batallas (no con una nerviosa e incisiva edición cerrada, por ejemplo, que no permite apreciar mas que un montón de metal chocando entre sí), y de cómo hacer una película de este tamaño.

No es una película perfecta, pues tiene sus detalles, pero a nivel de lo que han sido las películas de verano en los últimos años, es un ejemplo a seguir. Con Titanes del Pacífico, Guillermo del Toro ha logrado la mejor película de monstruos contra robots de la historia, no sólo por lo espectacular de sus efectos visuales, sino por su conocimiento y amor al mito de los Kaiju. Es una película de acción, pero con gran corazón, un ritmo estupendo y un gran conocimiento del lenguaje cinematográfico. Del Toro es el verdadero titán del filme, y Hollywood necesita de cineastas como él, que ama contar historias de una manera cinematográfica y que ama el cine. Titanes del Pacífico es uno de los mejores filmes de su tipo en la historia, y un recordatorio de alto calibre de que la creatividad y la originalidad pueden ser un éxito.

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