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Título original: Iron Man 3
País: Estados Unidos, 2013
Director: Shane Black
Elenco: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Guy Pearce, Rebecca Hall, Ben Kingsley, Jon Favreau, James Badge Dale, William Sadler
Guión: Drew Pearce & Shane Black
Música: Brian Tyler

Desde que Marvel comenzó a invadir el mundo del cine con las adaptaciones a la pantalla grande se sus múltiples superhéroes, algunas con resultados muy buenos y otras no tanto, cada que hay una nueva película acerca de uno de sus personajes, se convierte en todo un evento mediático que invade el Internet, particularmente las redes sociales, generando muchas veces una expectativa que no corresponde con la realidad del producto final.

Uno de esos casos es el de ‘Iron Man 3’. Cuando surgió la primera película acerca de Tony Stark y su famosa armadura, en 2008, el resultado fue sólido, con un Jon Favreau en la dirección que respetaba el origen del personaje. Para ‘Iron Man 2’, a pesar de que se incluyó a Mickey Rourke en el elenco, las cosas comenzaban a ir cuesta abajo. Ahora, con la llegada de ‘Iron Man 3’, se vuelve a demostrar que las terceras partes de una saga, particularmente las de los superhéroes, lo único que logran es caer en excesos que se terminan convirtiendo en una falta de respeto para el espectador y para los fans.

Sin Favreau en la dirección, la responsabilidad de llevar a cabo el filme está en Shane Black, quien si bien logra una cinta técnicamente impecable, termina por ser una tomada de pelo en cuanto al guión y la trama, con una serie de incoherencias y secuencias de más que terminan por convertirla en un buen rato de entretenimiento, pero que llega a caer gordo.

En esta ocasión, Stark (un siempre estupendo Robert Downey Jr.) es quizá el más humano y menos mujeriego de las tres películas, pues aquí se preocupa más que por andar conquistando chicas o presumiendo en eventos sociales, por la persona que lo ha acompañado en las buenas y en las malas, Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). Un villano, El Mandarín (Ben Kingsley), toma el control esporádico de los sistemas de comunicación en Estados Unidos y busca vengarse del presidente de ese país, atacando incluso la casa de Stark y haciéndola pedazos, obligando al héroe a terminar desterrado de las bellas playas de Malibú a el frío de Tennessee, donde terminará por reencontrarse consigo mismo, reagruparse y contraatacar. En medio de todo esto se encuentra un nerd convertido en un brillante científico, Aldrich Killian (Guy Pearce), quien en realidad es mucho más de lo que aparenta, gracias a los experimentos que ha tenido con humanos a quienes transforma en una especie de mutantes prácticamente indestructibles.

De entrada, la primera hora de la película es bastante buena, con un Mandarín que se nota siniestro, despiadado, y con un héroe frágil que está a punto de perderlo todo. El problema es que, para la segunda mitad, todo lo bueno que Black y compañía habían logrado se va al precipicio, gracias a un guión que no supo para dónde continuar y que, peor aún, traiciona a sus personajes y termina por caricaturizarlos. Sin querer revelar mucho, para quienes no la han visto, los problemas están por todos lados: el personaje del Mandarín es patéticamente ridiculizado y convertido en menos que una caricatura. Del amenazante ser que prometía ser un villanazo, no queda nada. Es más, Black lo desaparece sin el más mínimo respeto por el personaje. Desperdiciar de esa manera a Kingsley es una grosería.

Por otro lado, el personaje de Guy Pearce es tan estereotipado que mueve a la risa. Ya es demasiado ver siempre a Pearce en el mismo tipo de papeles, pero aquí incluso la personalidad de Killian es llevada a una exageración grotesca que cae mal, muy mal. Quedan varios cabos sin atar (¿por qué si ya habían pasado los eventos mostrados en ‘Los Vengadores’ y el Mandarín era tan amenazante, ninguno de los otros acudió a ayudar a Stark para atraparlo?), la acción es técnica y visualmente sorprendente, pero tan exagerada que termina por dar risa involuntaria. Del final mejor ni hablamos, pero francamente es una mafufada.

El filme se salva de no ser tan malo gracias a Downey Jr., quien seguro no hará una cuarta parte de Iron Man, pues aunque ésta está haciendo millones de dólares en la taquilla, a nivel de desarrollo de los personajes queda en la nada. Stark es el único que parece evolucionar, pues los demás terminan siendo caricaturizados, desde Happy (Favreau), el guardaespaldas de Stark, hasta Pepper (lo único que vale la pena de ella es el cuerpazo que muestra Paltrow) o el mismo Killian. Da la impresión de que no supieron como terminarla, le insertaron un par de ‘giros de tuerca’ y le subieron cinco rayitas al nivel de la acción, como para querer competir con lo mostrado en ‘Los Vengadores’.

¿La película entretiene? Sí, claro, pero eso no necesariamente la hace buena. Ha hecho y seguirá llenando carretadas de dólares, pero muestra que Hollywood, y en particular los estudios Marvel (ahora aunados con Disney), han abusado y caído ya en excesos cada vez más absurdos e incoherentes. El problema es que mientras este tipo de cintas sigan haciendo dinero, seguirán estando en la pantalla. ‘Iron Man 3’ entretiene, pero al final queda esa incómoda sensación de sentir que le tomaron el pelo a uno, con un producto bien hecho, bien envuelto, bonito por el exterior, pero que hasta a los fans del personaje les caerá mal y se sentirán decepcionados.

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