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Título original: Jeux Olympiques
Países: Grecia, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Bélgica, Holanda, Alemania, Finlandia, Australia, Italia, Japón, México, Canadá, Unión Soviética, Corea del Sur, España, China 
Director: Pierre de Coubertin
Elenco: Michael Phelps, Mark Spitz, Carl Lewis, Usain Bolt, Nadia Comaneci, Jesse Owens, Katarina Witt, Teófilo Stevenson, Eric Heiden, Raúl González, Ernesto Canto, Greg Louganis, Paola Espinosa, Yelena Isinbayeva, Jayne Torvill, Christopher Dean, entre otros.
Música: John Williams, Vangelis

El fuego se ha extinguido. La película más grande de todos los tiempos ha concluido. La llama del evento más grande sobre el planeta se ha ido. La humanidad, como suele hacerlo durante un par de semanas cada cuatro años, ha mostrado su mejor cara para dar muestra, una vez más, de lo que es capaz de realizar cuando se lo propone. La magia, el heroísmo, la belleza, el pundonor y el honor han sacudido a un mundo que, si bien no va a cambiar sus dificultades y problemas, al menos se ha dado un respiro para atestiguar la grandeza a la que pueden llegar sus extraños y conflictivos -pero al mismo tiempo sorprendentes- habitantes.

Para quien esto escribe, no existe un evento más grande, emocional, emotivo e importante que los Juegos Olímpicos. En comparación, y por la trascendencia que tienen a nivel no sólo deportivo, ningún evento puede lograr el grado de asombro y de comunión entre el ser humano que genera ver a atletas de prácticamente todo el mundo tratando de lograr la inmortalidad deportiva.

Nadia Comaneci alcanzó la inmortalidad al ser la primera atleta en recibir una calificación perfecta de 10, durante los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. 

Sí, se podrá argumentar que los Juegos Olímpicos (ya sea en su versión de verano o invernales) han perdido gran parte de su espíritu original debido a los patrocinios, la política, a los millones de dólares e intereses involucrados, a los dopajes o a mil argumentos más. Pero a pesar de ello, para un servidor siguen siendo el máximo escaparate en el que el ser humano saca -o intenta sacar- lo mejor de sí; el evento con el cual me siento orgulloso de pertenecer a este planeta y me permite maravillarme con la belleza del cuerpo humano, con la tenacidad y corazón de quienes se convierten, en segundos, en los seres humanos más rápidos, más altos y más fuertes del mundo.

Y no sólo eso, sino en verdaderos protagonistas de lo que para mí es la película más grande jamás realizada y que no llega a una pantalla de cine, sino a los televisores de miles de millones de personas que son testigos de proezas que, en las leyendas de la antigüedad, sólo estaban destinadas a las deidades del Olimpo o de las múltiples y diferentes mitologías que han alimentado la imaginación y los sueños del ser humano a lo largo de su existencia.

Lo mejor es que, al mismo tiempo, el mundo queda expuesto a no uno, sino a decenas de ejemplos de superación, de constancia, de valor, de entrega… expuesto a emociones y situaciones que, aunque sea en el inconsciente, sirven de ejemplo a seguir. La humanidad recordándose a sí misma de lo que es capaz.

Katarina Witt, de Alemania, enamoró al mundo con su belleza y talento durante los JO de Invierno de Calgary 1988.

EL MEJOR GUIÓN JAMÁS IMAGINADO
Como mencioné, los Juegos Olímpicos son la más grande película jamás realizada. y trataré de explicar dicha analogía en las siguientes líneas. El principio de todo, así como en toda buena película épica que se digne de serlo, es el guión. La historia del personaje central es básica para poder emocionarse, y en el caso de los JO, la premisa básica pareciera ser muy básica: da tu máximo esfuerzo y puedes alcanzar la gloria.

Pero la realidad es que el guión de los Olímpicos es mucho más complejo y más humano que eso. Los héroes de los juegos  por lo general atraviesan, al igual que cualquier héroe fílmico, por todo un arco de desarrollo de personaje, al que se le agrega el entorno social de su época. Ejemplos sobran: Jesse Owens haciendo historia para la raza negra en la Alemania Nazi de Hitler; la matanza de atletas israelíes en la villa olímpica en 1972; el boicot de Estados Unidos a los Olímpicos de Moscú y la respuesta del gobierno soviético cuatro años después, boicoteando los juegos de Los Angeles; el fin de la Guerra Fría y el reencuentro de potencias en Barcelona; la comercialización excesiva y el atentado terrorista perpetrado en el Parque Centenario de Atlanta; el surgimiento de una nueva potencia económica, deportiva y militar en China, y un largo etcétera.

La realidad siempre supera a la ficción. Por ello, ningún escritor jamás podría imaginarse lo que ha sido la ‘saga fílmica’ de los Juegos Olímpicos, que va en su trigésima entrega y que le ha dado al mundo varias de las historias más grandes jamás contadas, incluidas las de la perfección de Nadia Comaneci, en Montreal 1976, o de Jayne Torvill y Christopher Dean, en Sarajevo 1984, en la edición invernal de los juegos.

Los británicos Jayne Torvill y Christopher Dean, en su inmortal interpretación del Bolero de Ravel, en Sarajevo 1984.

PRODUCCIÓN Y ELENCO INTERNACIONALES
Al igual que toda gran cinta épica, los JO cuentan con una producción que abarca las ciudades y lugares más importantes del mundo. Su acción, drama y resolución han visitado ciudades como Moscú, Londres, Berlín, Estocolmo, Atenas, Roma, Ciudad de México, Los Angeles, Seúl, Barcelona, Sydney, Montreal. Incluso en su versión invernal, donde ha visitado los gélidos paisajes de ciudades como Oslo, Innsbruck, Sapporo, Sarajevo, Calgary, Nagano, Turin, Salt Lake City y muchísimas otras que envidiaría el mismísimo James Bond.

Por si fuera poco, cuenta con el elenco más grande jamás reunido en una producción. Las estrellas más grandes se reúnen para convertirse bien sea en los héroes y protagonistas de la historia o en los villanos de la misma. Ningún filme ha reunido, jamás, a tal cantidad de superestrellas de tantos países, sean estos Kenia, Uganda, Egipto, Australia, México, Estados Unidos, Rusia, Italia, Francia o Jamaica, por mencionar algunos. Nombres como Jesse Owens, Eric Heiden, Carl Lewis, Nadia Comaneci, Usain Bolt, Michael Phelps, Mark Spitz, Alberto Tomba, Katarina Witt, Jayne Torvill, Christopher Dean, Kristin Otto… imposible de superar.

Carl Lewis, ‘El Hijo del Viento’, obteniendo la medalla de oro en la prueba de los 100 metros planos, durante los JO de Los Angeles 1984.

MÚSICA PARA LOS DIOSES: EL SOUNDTRACK
Por mucho, el elemento más emocional de una película es su banda sonora. La música se convierte en otro personaje que narra y enmarca los momentos cumbre de cada secuencia, de cada toma. Por ello, nadie mejor que el más grande compositor de cine en la historia, John Williams, para reflejar el espíritu de lucha, de triunfo y de grandeza que logra el ser humano en la justa deportiva.

A pesar de que existe el Himno Olímpico, en realidad el espíritu de los juegos ha adquirido otra dimensión a lo largo de los últimos 30 años, gracias a los épicos temas que ha compuesto Williams para cuatro ediciones de Juegos Olímpicos: Olympic Fanfare and Theme (Los Angeles 1984), The Olympic Spirit (Seúl 1988), Summon The Heroes (Atlanta 1996) y Call of the Champions (Salt Lake City 2002, Olímpicos de Invierno).

John Williams, dirigiendo el tema Olympic Fanfare and Theme, durante la inauguración de los JO de Los Angeles 1984.

Mención aparte merece el compositor griego Vangelis, quien en 1981 compuso el tema Chariots of Fire, para la película del mismo nombre y que se ha convertido en un clásico. De hecho, en la reciente justa deportiva de Londres 2012, fue prácticamente el tema oficial de la misma, el cual se escuchó cada vez que se iba a realizar la premiación de los ganadores.

Pero el trabajo de Williams sobresale por ser composiciones realizadas ex profeso para las citadas justas olímpicas. Su estilo grandilocuente, heroico y esperanzador han convertido a los cuatro temas en clásicos que se siguen utilizando, a la fecha, en cada edición de los Juegos Olímpicos, particularmente por las diferentes cadenas televisivas. Es prácticamente imposible imaginar unos JO sin los temas de Williams.

El tema The Olympic Spirit, compuesto por Williams para los JO de Seúl 1988. Fue utilizado, principalmente, como el tema oficial de la cadena televisiva NBC.

ACTUACIONES LEGENDARIAS
Por supuesto, nada de lo anterior podría ser posible de no ser por los actores principales de la película: los atletas, aquellos que se convierten en héroes y protagonistas de su propia historia, o la de todo un país, después de años de esfuerzo, dedicación y constancia. Su actuaciones no son premiadas con el Oscar, sino con una medalla olímpica o con el orgullo de haber dado su mejor esfuerzo para representar a su país.

Sus actuaciones, además, son únicas. Aquí no hay ensayos, múltiples tomas o correcciones de edición. Son actores de una sola toma, de un sólo plano-secuencia que puede durar minutos… o segundos. Y los hace inmortales. Por igual son capaces de generar la máxima adrenalina que de transmitir arte y emotividad. Son capaces de suspender el tiempo… y volverlo eterno.

Sea en equipo o individualmente, se transforman de ser personas comunes y corrientes a atletas olímpicos, que rozan el cielo con sus proezas y generan la materia con la que están hechos los sueños. Como en las viejas leyendas, sus nombres quedan inscritos con fuego en la memoria del mundo, al cual le han recordado lo grande que es el ser humano.

Ese es el secreto de los Juegos Olímpicos: que por unos cuantos días son capaces de hacer que se olviden religiones, culturas, idiomas o diferencias políticas y hermanan a la humanidad en un evento que intenta dar luz al mundo. Cual si se tratara de la más grande película jamás realizada, por lo general su final es apoteósico, emotivo, humano.

Hay vencedores y vencidos, sí, pero el ejemplo del espíritu de todos ellos queda para la memoria. Son los héroes que son llamados a la grandeza, capaces de enseñarle al mundo que aún hay esperanza. Ahora, la llama nuevamente se ha extinguido, pero el sueño y la promesa de reunirse nuevamente sigue vivo. El espectáculo más grande sobre la Tierra ha terminado, pero resurgirá cual ave fénix para recordarle al mundo que, más que nunca, el cielo es el límite…

John Williams dirigiendo la interpretación de Call of the Champions, compuesto para los JO de Invierno de Salt Lake City 2002.

MI EXPERIENCIA OLÍMPICA
Finalmente, me gustaría compartir lo que, a nivel personal, ha sido mi experiencia con los Juegos Olímpicos, pues no sólo he llorado y me he emocionado con las grandes hazañas deportivas de decenas de atletas, sino que todos ellos, en mayor o menor medida, han pasado a formar parte de los ejemplos a seguir que he tenido a lo largo de mi vida.

A pesar de haber nacido en 1967, antes de los famosos Juegos de México 1968, los primeros recuerdos que tengo de unos JO se remontan a los de Montreal 1976. Con apenas nueve años de edad, recuerdo perfectamente la algarabía que se generó, en particular, por dos hechos: la emoción que provocó la medalla de oro del mexicano Daniel Bautista, en la marcha, y el fenómeno mundial en que se convirtió la gimnasta más grande de la historia, Nadia Comaneci.
Esta última fue, literalmente, la novia del mundo. Tuvo su propio tema musical, el famoso Tema de Nadia (que en realidad se llamaba Cotton’s Dream y se utilizó originalmente en la novela The Young and The Restless, aunque por el uso que le dio ABC durante varios montajes que presentaban las hazañas de la rumana, se convirtió, para la posteridad, en la melodía que representaba la inocencia y excelencia de Comaneci), y se convirtió en el símbolo de la dulzura y la perfección hechas mujer. Pocos recuerdos tengo de esa edición de JO, pero suficientes para convertirse en parte del imaginario de mi vida.

Daniel Bautista recuerda su carrera olímpica y su medalla en Montreal 1976. Entrevista y realización: Ricardo Otero.

Cuatro años despues, en el contexto de la llamada Guerra Fría, que a esa edad era difícil para mí el entender sus alcances, llegaron los JO de Moscú 1980. De ellos recuerdo tres cosas en particular: el boicot de Estados Unidos a los mismos (por lo que entendía, el mundo estaba al borde del abismo… desde entonces); el robo descarado a Carlos Girón que le costó la medalla de oro; y la también controvertida descalificación a Daniel Bautista al entrar al túnel del estadio olímpico, donde iba a refrendar su título de Montreal. Ésa fue, quizá, la primera vez que tuve contacto con el turbulento mundo político que rige nuestro planeta, pues no se hablaba de otra cosa que no fuera el boicot de los EU y los favoritismos de los jueces hacia los deportistas del bloque soviético.

En entrevista, Carlos Girón recuerda cómo obtuvo la medalla de plata en clavados, durante los XXII Juegos Olímpicos, en Moscú 1980.

Al llegar los juegos de Los Angeles 1984, las cosas se invirtieron. Ahora fue el bloque soviético el que boicoteaba el evento. La Guerra Fría seguía teniendo al mundo al filo de la navaja, y los países que no participaron organizaron los Juegos de la Amistad (dos años después se tratarían de limar asperezas entre la URSS y EU, en los llamados Juegos de la Buena Voluntad). Pero para mí, el ver a cientos de deportistas y banderas de diferentes países me daba la esperanza de que el mundo podía estar en paz, al menos un rato. De esa edición, se quedaron grabados para siempre en mi memoria tres figuras en particular: las preseas doradas ganadas por dos mexicanos, Ernesto Canto y Raúl González, y el llamado Hijo del Viento, Carl Lewis. Haber escuchado el Himno Nacional dos veces le comenzó a dar a mi vida el sentimiento de que todo podía ser posible.

Y lo logrado por Lewis simplemente fue espectacular. Acusado de mil cosas en su momento, Lewis es uno de los más grandes atletas que han existido. Punto. Ah, y es estadounidense. La sui géneris relación amor-odio que tenemos con nuestros vecinos del norte, con quienes compartimos más cosas de lo que la mayoría cree, por momentos provoca que perdamos la perspectiva de las cosas, pero honor a quien honor merece. Si hay que admirar a uno o varios de ellos, en diversos ámbitos y por diversas razones, no creo que lo haga a uno más o menos mexicano. Pero eso es harina de otro costal.

 Ernesto Canto recuerda su medalla de oro en caminata de 20 km en Los Angeles 1984. Entrevista y realización: Ricardo Otero.

Los Juegos de Seúl 1988 no dieron mucho qué festejar a nivel mexicano, salvo las honrosas excepciones de Jesús Mena y Mario González, ambos con bronce. También fueron los Olímpicos que le dieron al mundo la leyenda del hombre que volaba, Sergey Bubka, quien durante años fue el más grande atleta en salto con garrocha de la historia. Por primera vez veía a un hombre volar, y el sentimiento fue extraordinario. Pero los recuerdo porque el mundo estaba entrando en una nueva etapa. La Guerra Fría estaba prácticamente en su etapa final, pero también fueron los juegos que ‘ensuciaron’ de manera mediática al olimpismo y el famoso juego limpio. Fue la historia del héroe caído, del dios desterrado del Olimpo: Ben Johnson, tras haber pulverizado a Carl Lewis en los 100 metros planos, fue despojado de su medalla por haber dado positivo al consumo de una droga, el stanozolol, dando paso así a una nueva etapa en los deportes, la de los récords y las proezas ilegítimas.

De cualquier manera, el movimiento olímpico, para bien o para mal, seguía vivo, y eso significaba mucho para alguien que, como un servidor, ha vivido con el temor de vivir una Tercera Guerra Mundial gracias al bombardeo mediático. Así, en esas dos semanas de actividades, el mundo podía estar en paz, aunque fuera sólo un instante. Quizá lo que más aprecio de esta edición haya sido el tema musical de Whitney Houston, One Moment in Time, una pieza mucho más importante que el oficial Hand in Hand, de Koreana.

El legendario Sergeu Bubka ganando la medalla de oro e imponiendo récord olímpico en los JO de Seúl 1988.

Barcelona 1992 prácticamente me pasó de noche. Los tiempos habían cambiado y yo también. Aunque la emoción inicial de la ceremonia de inauguración, con el espectacular encendido del pebetero gracias al arquero Antonio Rebollo -si falló en realidad en atinarle al pebetero era lo de menos, la ilusión estaba hecha-, y ya sin Guerra Fría, lo cual prometía un mundo mejor, en realidad sólo recuerdo la medalla de plata de Carlos Mercenario, en la más pobre actuación de una delegación nacional, y que fueron los juegos del equipo de basquetbol más espectacular de todos los tiempo: el Dream Team de Estados Unidos. Fanático del basquetbol, el ver en una misma duela a Larry Bird, Magic Johnson, Michael Jordan, Patrick Ewing, Karl Malone y Charles Barkley, entre otros, fue simplemente inolvidable.

El mejor equipo de basquetbol de la historia, el Dream Team, en su legendaria participación en Barcelona 1992.

Para Atlanta 1996, en el centenario de los Juegos, el mundo era más cínico. La sede, en lugar de ser otorgada a Atenas, terminó en manos de la mercadotecnia estadounidense y yo estaba -aunque sin saberlo en ese momento-, a pocos meses de tomar la decisión más importante de mi vida en ese momento, misma que me ha llevado a dedicarme a esto desde hace más de 15 años. Así que de los juegos en realidad recuerdo pocos nombres. Ví la mayoría de las disciplinas que me gustan, pero recuerdo que fue otra terrible edición para la delegación mexicana, que sólo obtuvo el bronce a través de Bernardo Segura en la marcha de 20 km. Nombres como Donovan Bailey y Michael Johnson figuraron, pero lo que más recuerdo fueron dos cosas: el atentado terrorista que hubo en el Parque Centenario y el grandioso tema musical de John Williams, Summon The Heroes.

John Williams dirige Summon The Heroes, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Después de tres ciclos olímpicos para el olvido por parte de la representación mexicana, los juegos de Sydney 2000 dieron paso a una nueva generación que comenzó a poner las bases de lo que se vería reflejado años más tarde en Londres. Igualando la que fue la mejor actuación de los atletas aztecas fuera de México, seis medallas nos hicieron vibrar con el nuevo milenio: los bronces de Joel Sánchez, Cristian Bejarano y Víctor Estrada; las platas de Noé Hernández y Fernando Platas; y por supuesto, el oro de Soraya Jiménez, la primera mujer mexicana en obtener una presea. Simplemente inolvidable.

Pero también queda el recuerdo del robo más pusilánime y descarado que se le ha hecho a un atleta mexicano, Bernardo Segura, quien finalizó su prueba y hasta estaba ya hablando con el presidente Zedillo cuando llegó un juez a avisarle que estaba descalificado y que no había ganado. La controversia siempre va a estar presente, pues se le descalificó por ‘flotar’, lo que se ha comprobado que prácticamente todos los marchistas hacen. Pero era mexicano.

Vibré con héroes como el gran nadador australiano Ian Thorpe, y hasta incluso con lo logrado por la corredora estadounidense Marion Jones, otro caso de desgracia olímpica. Tras haber ganado cinco medallas en la competencia, en 2007 confesó haber utilizado sustancias prohibidas, por lo que todos sus medallas le fueron retiradas, convirtiéndose, junto con Ben Johnson, en los casos más sonados de atletas que, pretendiendo llegar al cielo, fueron desterrados por los dioses del Olimpo por tramposos. Bienvenidos al nuevo milenio del ‘juego limpio’.

Soraya Jimenez en la competencia con la que gano la medalla de oro en levantamiento de pesas en Sydney 2000.

Atenas 2004 fue controvertido por varias razones, sobre todo porque, desde entonces, el pueblo griego -que por fin era anfitrión de unos Juegos Olímpicos, luego de que el Comité Olímpico Internacional le diera la sede de los 100 años de los mismos a Estados Unidos, con los juegos de Atlanta 1996- ha estado pagando, en gran parte, un enorme gasto económico para el que no estaba preparado. A nivel deportivo, hubo decenas de momentos inolvidables, pero para quien esto escribe fueron especiales por dos hechos: el primero fue ver el ‘nacimiento’ de uno de los más grandes y espectaculares atletas que han pasado por unos JO, Michael Phelps, quien obtuvo ocho medallas (seis de oro y dos de bronce).

El segundo fueron las cuatro medallas obtenidas por la representación nacional: Una de bronce (Iridia Salazar, en Taekwondo), y  tres de plata (Oscar Salazar, en Taekwondo; Belem Guerrero en Ciclismo; y Ana Gabriela Guevara, en 400 metros planos). De ésta última se tenían enormes expectativas, pues venía de tener la mejor temporada de su carrera y se esperaba, se deseaba, que ganara el oro. No lo logró, pero seguirá siendo una de las grandes en la historia de nuestro deporte.

Ana Gabriela Guevara ganó la medalla de plata durante la final olímpica de los 400 metros, en Atenas 2004.

¿Qué me dejaron, hace cuatro años, los Juegos Olímpicos de Beijing 2008? Han sido de los más espectaculares de la historia, pues en su momento de impusieron 43 nuevos récords mundiales y 132 récords olímpicos… pero lo más espectacular fue ver a Michael Phelps convertido en un monstruo de la piscina. Compitió en ocho pruebas y las ganó todas, implementando siete récords mundiales y uno olímpico. Tal demostración jamás había sido vista, y quizá jamás vuelva a verse. Simplemente fuera de este mundo.

Y ¿cómo no vibrar con los dos oros mexicanos? Ambos en Taekwondo, todo el país, absolutamente todo, se emocionó hasta las lágrimas (¿verdad, Toño Rosique?) con los triunfos de Guillermo Pérez y de la gran María del Rosario Espinoza, María Bonita…. Además, se gozó la primera medalla de Paola Espinosa en clavados sincronizados, aquí con Tatiana Ortiz, en trampolín de tres metros. Momentos inolvidables que difícilmente pasarán al olvido. Lágrimas, emoción y ese siempre presente sentimiento de que el mundo puede ser un mejor lugar estuvieron presentes en China… y en el planeta entero.

La sinaloense María del Rosario Espinoza, ganadora del oro olímpico en Taekwondo, en Beijing 2008.

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