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Título original: The Dark Knight Rises
País: Estados Unidos, 2012
Director: Christopher Nolan
Elenco: Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Michael Caine, Gary Oldman
Guión: Jonathan y Christopher Nolan
Fotografía: Wally Pfister
Música: Hans Zimmer

Christopher Nolan se ha ganado un lugar en el mundo de la cinematografía que muy pocos han conseguido a los 42 años. No sólo es el cineasta más propositivo de los últimos 15 años, sino también el más inteligente y el que no teme a ninguna clase de reto. De lo anterior dio muestras desde su segunda película, y primera conocida en México, Memento, con la cual no sólo le entró al reto de narrar una historia compleja en la que el espectador tiene que ir atando cabos para resolver un misterio, sino que además lo hizo con una narrativa cinematográfica poco convencional, mostrando las cosas de adelante hacia atrás.

Por eso es tan interesante ver cómo ha ido madurando como cineasta. Con títulos en su haber como Insomnia, El Gran Truco (The Prestige) y la extraordinaria El Origen (Inception), Nolan ha logrado darle un giro y un nuevo empuje al mundo del cine, tan acostumbrado a las fórmulas que, por momentos, ha dejado de asombrar.

Pero la carrera de Nolan no sería la misma sin tres títulos clave: Batman Inicia (Batman Begins, 2005), El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008) y la que ahora nos ocupa, El Caballero de la Noche Asciende (The Dark Knight Rises, 2012). Con estos tres trabajos, el cineasta londinense no sólo le dio un giro al subgénero de superhéroes en el cine, sino que prácticamente reinventó la manera de mostrarlos en la pantalla grande, sin caer en complacencias o dejándose llevar por un sentido estrictamente mercantilista, como a veces pudiera parecer que ocurre con los proyectos de Marvel.

Más allá de su estética narrativa y del fino lenguaje cinematográfico que ha utilizado en las películas acerca del enmascarado defensor de Ciudad Gótica, Nolan le ha dado al héroe un elemento del que carecen la mayoría de las películas del género: identidad con el público.
Apoyado en el hecho de que Batman es quizá el superhéroe más interesante y humano de todos, gracias al hecho de que no tiene superpoderes, Nolan ha logrado no sólo hacer tres cintas inteligentes y visualmente atractivas, sino prácticamente un tratado acerca de los rincones oscuros del alma humana y la alienación de la sociedad contemporánea.

Después de haber conseguido la aprobación casi unánime de la comunidad fílmica y el público con El Caballero de la Noche (en gran parte gracias al gran personaje de The Joker, creado por él en la parte del guión y por un insuperable Heath Ledger que le dio vida fílmica), Nolan cierra la trilogía de Batman con la que quizá sea la película más completa de las tres.

En El Caballero de la Noche Asciende, Nolan y compañía retratan, de manera inteligente y profundamente cinematográfica, no sólo la historia de un héroe que desciende al infierno y tiene que salir de él, sino también de la ambivalencia que tenemos todos los seres humanos. En el universo de Nolan no existen el blanco y el negro, los buenos y los malos. Existen seres humanos falibles que cometen errores, que toman decisiones equivocadas y que se mueven en toda una compleja gama de grises. En otras palabras, muestra personajes reales con los que es fácil identificarse debido, justamente, a su imperfección.

Así, en el filme podemos ver por igual a un Bruce Wayne que navega, por un lado, en la autocomplacencia y a otro que es consciente de la responsabilidad que tiene; a una Selina Kyle en la que nadie sabe si confiar o no en ella; a un villano, Bane, aparentemente con un alma retorcida y proclive a hacer el mal, pero que tiene sus motivaciones válidas desde su punto de vista. Y así podríamos ir analizando cada una de las capas emocionales de los personajes, quienes van -al igual que el ritmo general de la película, in crescendo hasta llegar al apoteósico final.

A nivel historia, el filme presenta los planes que tiene un personaje, Bane, para “regresarle el poder al pueblo de Ciudad Gótica”, una utopía que hemos visto reflejada en varios personajes de la vida política mundial. A falta de un buen gobierno que no sea corrupto, hay que regresarle el poder a la gente, así los medios para lograrlo sean idénticos en forma y fondo a aquello contra lo que se lucha. Una gran paradoja humana.

Con lo anterior como premisa básica, Nolan va desarrollando la cinta con un estilo semejante al de El Origen en cuanto a las diferentes lecturas que se le pueden dar a lo que muestra en la pantalla, aunque sin perder el enfoque de que se trata de una película de superhéroes. Pero es una dirigida a un público mucho más adulto. En comparación, cintas como Los Vengadores o El Sorprendente Hombre Araña lucen como historias infantiles. Aquí Batman no es amable o divertido. Es un tipo lleno de demonios internos contra los cuales tiene que luchar para poder resurgir de las cenizas. Pero no lo puede hacer solo. Necesita ayuda, y ahí radica otra de las claves del filme: el sentimiento de pertenencia, ya sea a un ideal, a una nación, a una ciudad o a una persona.

A nivel actor al, aparte del sólido trabajo realizado por Christian Bale en el papel del héroe, destacan dos personas. Por un lado, Tom Hardy hace de Bane un villano que, por momentos, recuerda al Darth Vader de la primera trilogía de Star Wars: imponente, duro, sanguinario, con la sola idea en la cabeza de ver cristalizados sus ideales así tenga que destruir, como en este caso, una ciudad entera. Si bien Hardy no luce a nivel expresivo debido a la máscara que utiliza su personaje, sí lo hace con presencia física.

Injusto e inútil es comparar a Bane con el Joker interpretado por Ledger. Bane es un tipo más brutal, más primitivo, mientras que el Joker era lo opuesto, más inteligente y cerebral, aunque igualmente desequilibrado. El perfecto complemento el uno del otro.

Por otro lado, la presencia de Anne Hathaway en el papel de Gatúbela -sobrenombre este último que, en un gran acierto de Nolan, jamás es mencionado en el filme- le brinda, por primera vez a la saga, un elemento sexual que buena falta le hacía a la historia. Su Selina Kyle es moralmente ambigua, además de ser letalmente sexy. Con ella, Hathaway da muestras de que es mucho más que una cara bonita. Además, verla pateando traseros a diestra y siniestra es sensacional.

Visualmente, Nolan deja muestras de la maestría que tiene para orquestar grandes secuencias de acción, pero con inteligencia, no a la Michael Bay con explosiones y violencia sin ton ni son. Para ello, se apoya de una estupenda banda sonora cuyo score corre a cargo de Hans Zimmer, en el que es uno de sis mejores trabajos en años. A nivel subconsciente, la partitura de Zimmer funciona de manera perfecta gracias al uso que hace, particularmente, de las percusiones, las cuales asemejan a los antiguos tambores de guerra que llamaban a la batalla y que apelan a un nivel más primitivo. La edición y la música de Zimmer se convierten en otro personaje, pero uno que logra una conexión directa con las emociones del espectador.

Con varias lecturas para analizar, El Caballero de la Noche Asciende logra darle un digno cerrojazo a la trilogía de Nolan de manera épica y emocional. Batman, a final de cuentas, puede ser cualquiera, pero el precio que hay que pagar es muy alto. Con temáticas cerca del odio, la venganza, el rencor, la amistad, el resurgir de las cenizas, la dualidad del ser humano y el poder del amor (a una persona, a una ciudad, a un ideal o a uno mismo), El Caballero de la Noche Asciende es un triunfo de cine en el más amplio de sus sentidos.

A muchos quizá les parezca inferior a su antecesora, pero la realidad es que es un filme con mucho más contenido profundo del que aparentemente tiene. Es una muestra de que se puede hacer cine inteligente que, a la vez, sea emocionante, épico y trágico, así como un recordatorio de que el heroísmo está dentro de cada uno de nosotros de diferentes maneras. Simple y sencillamente, es la mejor película del año.

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